Violeta Valery, una cortesana……………. Virginia Zeani
Alfredo Germont, su amante……………… Gianni Raimondi
Giorgio Germont, padre de Alfredo ………. Ugo Savarese
Orquesta y Coros del Teatro San Carlos de Nápoles
11 de agosto de 1956

Director: Angelo Questa

Giuseppe Verdi (1813 – 1901) estuvo en París en el estreno de “La dama de las Camelias,” y le tomó poco más de un año para trasladar esta puesta en escena a una ópera; La Traviata. Esta ópera constituye el tercer trabajo del famoso tridente de Verdi (o Periodo Medio) constituido por Rigoletto (1951), Il Trovatore (19 de enero de 1953) y, citada ya,  “La Traviata” (6 de marzo de 1853!).

Esta ópera sufrió los embates de la censura, sobre todo en Francia e Inglaterra, donde se pensaba, podía contener las escenas obscenas y espantosas del libro de Alexander Dumas (tal cual decía un periódico francés de la época).

Se dice de Dumas que, cuando tenía veinte años conoció a su propia “Dama de las camelias,” esta podría haber sido Marie Duplessis, una mujer pertubadoramente bella, que tenía gracia y dignidad, le encantaba el juego y las carreras de caballo (descrita así por Dumas). El joven escritor se acercó a ella por primera vez haciéndole una exortación a que dejase la vida que llevaba por entonces, ella le contestaría: “Si lo hago moriré. Solo una vida de emociones puede mantenerme viva” (Sempre Libera?).

Al parecer el genio progenitor de “Los Tres Mosqueteros,”  “La Dama de las Camelias” y “El Conde de Montecristo” recibió los favores de Marie, pero el idilio duro pocas semanas: “No soy un hombre suficientemente rico para amarte como tu quisieras y tampoco lo suficientemente pobre para ser amado como tu desearías.” Dumas hizo una terapia de tiempo y distancia con Marie, realizó un largo viaje con su padre y cuando regresó a París se enteró que la bella Marie había muerto. El remordimiento le haría terminar la novela de las Camelias en apenas un mes (¿Acaso Verdi tuvo tal empatía artística que terminó la obra en 3 meses apenas?). En la novela el amante que acompañó a Margarita Gautier (Marie? Violetta?) se llama Armando Duval, curiosas iniciales de Alexander Dumas.

LOS PROTAGONISTAS

VIRGINIA ZEANI (Virginia Zehan, 21 de octubre de 1925 Solovăstru, Transilvania, Rumania)

Debutó en Bologna, precisamente como Violetta, papel que cantó 650 veces (!), entre sus más connotados maestros se encuentra Aureliano Pertile. Virginia cantó principalmente en Italia aunque siempre estuvo opacada injustamente por las divas del momento (Maria Callas, Leyla Gencer, etc). Fue coprotagonista de muchos tenores notables como Gigli, Bergonzi, Tagliavini, Kraus y Raimondi.

Se casó con el bajo Rossi-Lemeni con el cual vivió hasta 1991, fecha en que éste falleció. Desde entonces (en realidad desde mucho antes) se dedicó a la docencia en los Estados Unidos.

Dícese que con ella estudiaron Elina Garanca y Vivca Genaux. Para el autor de esta nota, no se hacen fácilmente audibles vínculos técnicos de la gran Zeani con estas mencionadas.

GIANNI RAIMONDI (Bologna 1923 – 2008)

A los 24 años ya su voz hacía eco en los escenarios italianos, la ciudad de Butrio vio su primera caracterización en uno de sus roles mas encantadores “il duca di Mantova.” Pero, ¿Qué rol que tocara la mágica técnica de este tenor no se oiría a gloria? Dotado de una emisión que hace recordar al tridente insuperable Caruso-Gigli -Björling, canto sul fiato, ningún artificio de la garganta para formar su escala ni sus agudos, expresión de dramático sin serlo, facilidad para el canto. LO TENÍA TODO, lamentablemente era muy nervioso. Pero esa es otra historia, Raimondi tiene en su haber bastantes representaciones históricas, quizás la más llamativa es aquella del año 1963 en donde hace una Boheme pucciniana junto al director Herbert von Karajan. Decía la novel maestra Virginia Zeani ─Las dos mas grandes técnicas que existían, la poseían Alfredo Kraus y Gianni Raimondi, habría que estar allí para comprenderlo!─… Yo le creo a la Zeani!.

UGO SAVARESE

(Nápoles, 1912 – Génova , 1997)

De pequeño fué enviado a Roma en donde fueron notables sus cualidades como niño coreuta, luego tuvo un primer maestro Vicenzo Bellini (!), ciertamente, un célebre homónimo del genio de Catania y profesor de canto. Luego de otras excursiones como estudiante finalmente debuta en el rol de Scarpia (1938).

Despues de esto, fué reclutado para ir al frente durante la segunda guerra mundial, no retornaría a los escenarios hasta 1945, tres años antes de su exitoso debut en la Scala di Milano, con el rol de Gerard (Andrea Chenier de U. giordano). No obstante su gran fama en los escenarios italianos (especialmente Parma y Piacenza) fue excluído de participar en el  Metropolitan (!). Su carrera ascendente se tornó larga y agotadora, asi dejó el canto en 1974, se dedicó entonces, a la enseñanza hasta los tristes días de su enfermedad hepática que lo llevó a su última morada en Nápoles.

LA ÓPERA

La ópera se desarrolla en París, alrededor de 1840.

ACTO PRIMERO.- En un salón en casa de Violetta (lugar de citas de los caballeros parisienses) se celebra una fiesta. Alfredo Germont es presentado a Violetta, y a petición de ella cantan el jovial Brindis “Libiamo ne’lieti calici”

De pronto, Violetta se siente mal, un caballero la ayuda, ella se conmueve por eso, el caballero era Alfredo quién aprovecha para confesarle que la ama  desde que la vió (hace un año), se lo cuenta con el corazón en el pecho cantando “Un dí felice”, mientras se puede oir el leitmotiv de Violetta en coloraturas que expresan incredulidad y ese aspecto frívolo que solo puede darle Verdi.

Al final, ella, violetta, conmocionada por la declaración se pregunta si no será ese el amor soñado (Ah forse lui), inmediatamente se recompone en su superficialidad pensando que son locuras (Foglie foglie!). Una voz desde el fondo recuerda la declaración de Alfredo haciéndola vacilar. Finalmente se reafirma en su libertinaje (Sempre libera).

ACTO SEGUNDO

PRIMERA PARTE.- Finalmente Alfredo y Violetta se dieron la oportunidad y están viviendo en las afueras de París en una casa lujosa. Alfredo no cabe con tanta felicidad en su pecho, canta su felicidad en una hermosa aria “dei miei bollenti spiriti”

La realidad pega contra este idilio, Alfredo se entera que Violetta está vendiendo todas sus joyas para pagar esa casa en las afueras y todas las comodidades, decide tomar cartas en el asunto y sale. En tanto el padre de Alfredo viene a buscar a Violetta, le reclama por ser la perdición de Alfredo, pero cae en cuenta de que es una mujer, mas bien, enamorada, respetable y que paga todas las cuentas. Su primera intención retrocede en lugar de una de súplica; las malas lenguas hablan del amorío de Alfredo con una cortesana, asi la hermana menor de Alfredo no podra casarse porque es protagonista de un hermano de escándalo. Violetta debe dejar a Alfredo! Ella se resiste, pero despues entiende que es lo mejor.

Regresa Alfredo y se da cuenta del cambio de Violetta, ella solo le pide una reconfirmación de su amor “Amami Alfredo” antes de irse. Violetta, luego de salir, le envía una carta de rompimiento a Alfredo, este cae destrozado y su padre aparece para consolarlo, le pide que regresen a la tierra natal a olvidar “Di Provenza il mar”

Alfredo ve sobre la mesa una invitación a una fiesta en casa de Flora (amiga de Violetta) y sale disparado en busca de Violetta.


SEGUNDA  PARTE.- En la fiesta en casa de Flora ya se habían enterado de rompimiento. Llega primero Alfredo se poné a jugar y apostar. Despues Violetta ingresa del brazo del Barón Duphol, el Barón exorta a violetta a permanecer callada y lejos de la mesa de juegos, despues el Barón comienza a apostar y perder contra Alfredo, varias veces.Este ir y venir de amenazas cesa cuando se sirve la cena. Violetta cita en secreto a Alfredo y le ruega que se vaya. Alfredo se irá sólo si regresa con él, pero violetta no faltará a su acuerdo con el padre, mas bien le dice que ama al Barón. Alfredo se enloquece y llama a todos los invitados para mostrarles el dinero que ganó en las apuestas  y se lo tira en la cara a Violetta como pago por todo. “D’ogni suo aver”

El Barón reta a duelo a Alfredo.

ACTO TERCERO

En París todo es fiesta por los carnavales, pero en el dormitorio de Violetta, ella agoniza producto de la tisis. En ese momento recibe una carta del padre de Alfredo diciéndole que el barón solo fue herido y que Alfredo sabe ya del sacrificio que Violetta hizo a pedido del padre (ambos vendrán a pedir perdón). Ella expresa su repudio a esta injusta carta “‘E tardi!!”, luego hace una reflexión de todo el dolor que pasa e interpreta un adiós a la vida “Addio del pasatto”

En ese momento regresa Alfredo con la débil esperanza de recuperar el tiempo perdido  Alfredo sueña con regresar a aquella alegre casita en las afueras de París ya con la salud recuperada de Violetta “Parigi oh cara!”

Violetta despues de esos estadios de alegría, esperanza y aceptación del final(incluso le pide a Alfredo que se case con alguién buena)… tiene un momento de lucidez, como aquél que se atribuye a los moribundos, cree renacer y poder pararse y ser feliz . Así muere nuestro personaje.

COMENTARIOS FINALES

Nápoles de los años cincuenta era, por así decirlo, una aduana de éxito en la lírica de entonces… generaciones fabulosas de grandes cantantes confluyeron en aquella época dorada post-guerra.

Virginia Zeani, tenía esa triple cualidad que este rol exigía (y que grandes como R. Tebaldi no desarrollaron): “Una soprano diferente para cada acto” (ligera o de coloratura para el primero, lírica para el segundo y spinto para el tercero) hecho que alguna vez llevase al Metropolitan a hacer una producción experimental similar a esta pero con la novedad de tener tres Violettas; A. Galli-Curci (deslumbrante en “sempre libera”), L. Albanese en la dolorosa escena con el padre de Alfredo y la virtuosa Claudia Muzio se despedía en un tercer acto dramático.

V. Zeani superá con facilidad esta triple personalidad técnica, ya incluso en el hipotético ensayo del final del primer acto (excelente fraseo,  filados notables para la expresiva “Ah forse Lui”, y coloraturas espléndidas en “Sempre libera”). Ya en el segundo acto transmite ese personaje heroe en que la convierte su amor, los duos en esta producción no podrían ser mas equilibrados en fuerza interpretativa como estos con Ugo Savarese. El tercer acto consagra el dramatismo impreso en cada linea final de violetta, no se ha podido perdonar que no visara ese “Addio del passatto” pero en aras de una secuencia del drama, haremos lo que decía Alfredo Kraus, priorizar la trama.

Gianni Raimondi es sin duda el de mejor técnica de los tres, sin embargo, su ya mencionado nerviosismo un tanto lo traiciona en su aria y los primeros duos (Nótese por ejemplo que en el aria “Dei miei bollenti spiriti” vacila en una nota de registro central). No dudo que pudiese hacer la caballeta del segundo acto “Oh mio rimorso” (que trae un do agudo, que Raimondi demostró en sus varios I Puritani, poseerlo y de qué manera), esto es importante desde que A. Kraus dijo que sin esta caballeta Alfredo no contrapesaba su dignidad con el caracter acobardado que le asigan el libreto. Cuestiones de convenios en la época suprimieron este momento operístico.

De Savarese  lamentablemente no podemos decir nada extraordinario por que su única alicuota al éxito de esta producción es su aria “Di Provenza”  la cual hace recordar el mito de que Verdi compusiese esta aria de los cantos de cuna que hacía a sus hijos, tristemente fallecidos por plagas de la época. Así Savarese es tan “vecchio genitore” como exige el rol. El director Angelo Questa no tuvo problemas en seguir con la batuta la expresividad de estos cantantes, ya que ¿Quién no podría sentir los latidos espontáneos de una interpretación tan fiel a la trama y tan correcta en técnica como pocas se han oído en nuestro tiempo?.