LEONCAVALLO RUGGERO (Napoli, 1857 – Montecatini, 1919)

Estudio música inicialmente con el maestro Siri y con A. Simonetti, después en el conservatorio de Nápoles con B. Cesi (piano), M. Ruta (armonía) y L. Rossi (composición).

Su padre lo envió a Bologna para estudiar derecho, digamos que formó entonces su cultura literaria hasta los 20 años cuando se graduó en letras (1878).

Se mudó a París, donde vivió dando lecciones, tocando el piano en un café y escribiendo canciones para cantantes de segundo orden. La fortuna le sonrió a través del barítono V. Maurel, quién se convierte en su protector e incluso lo presenta ante Giulio Ricordi en Milán, del cual obtiene, posteriormente, un contrato con una asignación mensual de 200 liras por un año, donde debía musicalizar el famoso libreto de I Medici, el primero de una trilogía italiana (Crepusculum).

Pero un suceso de grandes dimensiones (El estrepitoso éxito de la Cavalleria rusticana de P. Mascagni en 1890) lo induce a escenificar un “crimen pasional” del cual Leoncavallo había sido testigo cuando tenía 15 años en Calabria. Este suceso fue llevado incluso al despacho de su padre, presidente de la corte de justicia.

En cinco meses escribió el libreto y musicalizo Pagliaccio (conocida después como I Pagliacci, en homenaje a la voz de barítono). Siempre con el apoyo de Maurel, la ópera fue vendida a la casa editora de  E. Sonzogno

La premiere tuvo lugar en Milán, en el teatro Dal Verme, el 21 de mayo de 1892, a la batuta estaba el casi principiante Arturo Toscanini.

Fue un éxito total, siguió esta senda por Viena (teatro dell’Esposizione, 17 IX 1892), Dresde (teatro de la Opera, 23 I 1893), París (Opéra, 17 XII 1902) y muchas ciudades europeas.

Leoncavallo compuso luego dos óperas de relativo éxito:

La Bohème (Venezia 1897), donde el mismo adaptó un libreto de la obra de H. Murger, siempre con su vena patético-sentimental, pero finalmente fue opacada por aquella Boheme Pucciniana.

Zazà, hecha con el verismo exagerado característico, pero siempre con ese protagonismo excesivo de la parte vocal que a veces iba en detrimento de las partes orquestales. Fue también una obra con mucho entusiasmo inicial, pero finalmente olvidada.

I PAGLIACCI

Un drama tomado de la vida cotidiana.

Pietro Mascagni, fue el contemporáneo y rival de Leoncavallo, sin embargo ambos han corrido distinta suerte; Mascagni ha sido objeto de numerosas biografias y estudios varios. Para Leoncavallo, en cambio, el silencio.

Se sabe que Leoncavallo tuvo una juventud entregada a la aventura y lo fascinante de la vida, pero a fines del siglo XIX Leoncavallo publicó una nota autobiográfica en la cual relata  su vida durante sus primeros estudios universitarios en Nápoles y de sus estudios literarios con Giosuè Carducci en Bologna. En esta autobiografía Leoncavallo se jacta de haberse graduado, incluso, en leyes apenas a los veinte años. Pero en verdad Leoncavallo nunca se graduó, mas bien, abandonó la universidad y se fue de viaje: primero a Egipto, donde tenía un tío que trabajaba en relaciones exteriores, y cuando la situación política no fue propicia gastó la fortuna de los Leoncavallo para irse a París. Sin u centavo su actividad se redujo a acompañar a los cantantes en los cafè- concerts, actividad que en poco tiempo lo habría hartado, se dedicó entonces a enseñar música. Fue en este periodo que conoce al barítono Victor Maurel, convirtiéndose en un buen amigo del joven compositor. Y motivado por esta amistad le muestra el libreto de su ópera I Medici a Maurel, el cual queda convencido de la calidad de este trabajo y decide acompañarlo personalmente a Milán para presentarlo a Giulio Ricordi, el editor de Verdi.

De sus sueños de juventud, I Medici (ambientado en Florencia durante el renacimiento) fue el primero de tres trabajos de Leoncavallo, que juntos formaban una trilogía titulada Crepusculum las otras tuvieron como título “il Savonarola” y “Cesare Borgia”. Se notaba la influencia wagneriana, menos notorio en P. Mascagni, quien era 6 años más joven que Leoncavallo.

P. Mascagni a la temprana edad de 27 años recibe el éxito con su Cavalleria rusticana en  1890. Este éxito afecta mucho la producción de I Medici, ópera que quizás no estaba hecha a los gustos de la época o quizás por ser un poco pretensiosa.

Leoncavallo escribe en su autobiografía que después del suceso de la Cavalleria rusticana perdió la paciencia convencido de que Ricordi no movería un dedo por él. Desesperado se encierra cinco meses en casa y compone el libreto y partitura de I Pagliacci.

El editor Sonzogno leyó el libreto, juzgándolo muy válido para invertir en comprar los derechos de la ópera entera. Incluso Maurel, bastante notable en ese entonces en Italia por haber dado vida al personaje de Iago en el Otello de Verdi, lee este libreto y se entusiasma con ella.

Maurel le pide como favor a Leoncavallo que componga un aria exclusiva para barítono dentro de la trama, y Leoncavallo no sólo la compone sino que la pone a manera de Prólogo, con lo cual Maurel es el primero en salir a escena.

Esta premiere no fue en La Scala, sino en el mencionado pequeño teatro Dal

Verme, en aquellos años bajo la dirección del empresario Carlo Superti, quien escoge como director al joven y aún desconocido Arturo Toscanini.

Los ensayos fueron arduos, tanto que años después Toscanini contaría a los amigos que, al final de la primera sesión, regreso a casa y cayo rendido en la cama con traje incluido hasta el día siguiente.

Era la tarde del 21 de mayo de 1892, el día más importante de la vida de Leoncavallo, pero no todo estaba a punto en los preparativos de la escena. Justo en aquella de apertura el borrico de la compañía ambulante estaba nervioso por la cantidad de gente y por el suelo resbaloso parecía a cada momento caer sobre el foso de músicos. La gente estalló de risa

La música gustó mucho, el público pidió bis en más de un aria y una vez bajado el telón la ópera tuvo el honor de tener 15 reclamos a escena.

La prensa, en cambio, no la recibió muy bien Il Corriere della sera, diario de relevancia en la época lo calificó de un éxito tan rápido como efímero. Pero los hechos dijeron otra cosa y la ópera fue representada en otros teatros en Italia y fuera de esta, fue traducida al checo, ruso, alemán, inglés, sueco y francés.

Estamos de acuerdo que Leoncavallo no había demostrado esa inspiración melódica prolífica de Donizetti, pero con I Pagliacci, Leoncavallo demostró seriedad profesional, desarrollo del drama al detalle, exposición de intereses múltiples en la trama y riqueza en la preparación escénica y el uso de la orquesta.

En el corpus de leoncavallo, I Pagliacci permanece inmortal, dado la violencia, la pasión y la teatralidad; La ópera respira el aire de la vida misma.

“…Una tarde, cuando apenas era un niño, Ruggero tuvo el permiso para ir al teatro en compañía de un sirviente de casa. A la salida del teatro el sirviente es agredido por un ‘rival’ celoso y es  acuchillado. El agresor fue procesado y condenado en presencia del padre de Ruggero, un notable magistrado..”

Mario Morini, el estudioso más notable de Leoncavallo y el contexto de la época, dice mas bien, que el libreto de I Pagliacci tiene sus raíces en la obra “La

femme de Tabarin” de Catulle Mendès, asi como en “Un drama nuevo” de Maurel

Tamayo Baus.

Morini agrega que la historia del trágico clown col cuore a pezzi ma il

sorriso sulle labbra (payaso con el corazón a pedazos pero con la sonrisa en los labios) era una historia fruto de la tradición popular y familiar.

La auténtica innovación de Leoncavallo fue aquella de llevarla a la escena lírica y presentarla con vigor truculento y agresivo. Quizás esta sea la ópera más verista de todas, ya desde el “Prólogo” Tonio canta: “Poiché siam uomini di carne e d’ossa” (ya que somos hombres de carne y hueso).

PIETRO MASCAGNI

Pietro Mascagni en los años de su Cavalleria rusticana

Compositor y Director de Orquesta Italiano (Livorno 7 XII 1863 – Roma 2 VIII 1945)

Frecuentó la scuola cantorum de Livorno dirigida por  E. Bianchi, quien le imparte las primeras enseñanzas musicales. Inicio sus estudios de piano con E. Biagini y en 1876 se inscribe en el instituto musical Cherubini de Livorno, dirigido por A. Soffredini con el cual estudio composición.

En 1877, pese a la oposición del padre, que ya lo había inscrito en una carrera forense, interrumpe sus estudios en el gimnasio para dedicarse exclusivamente a la música, ayudado moral y materialmente por su tío paterno Stefano, quien murió prematuramente. En el conservatorio recibió las enseñanzas de Amilcare Ponchiellli y M. Saladino; La permanencia en Milán fue breve, se alejó del conservatorio por indisciplina, que se complicó con un cruce de palabras con el director A. Bazzini.

Después, Mascagni trabajó como maestro substituto en una compañía de opereta y en Parma tuvo su primera experiencia como director, luego (en esta misma senda) seguirían Génova y Nápoles.

En 1886 en Cerignola consigue dirigir la sociedad musical de la escuela de música Local. Por esos tiempos se casa con Lina Carbognani. Se entera, poco después, que  el editor Sonzogno de Milán estaba convocando a un concurso para una ópera en un acto, Mascagni decide participar con Cavalleria rusticana, la cual obtiene el primer premio y fue puesta en escena en el teatro Costanzi de Roma el 17 de mayo de 1890, la cual fue un éxito absoluto en Italia y el extranjero.

En 1895 Mascagni fue nominado director del Liceo musical Gioacchino Rossini de Pesaro, donde tuvo como discípulo a Zandonai: abandona este puesto en 1902.

Su doble cualidad como compositor (Cavalleria rusticana, L’amico Fritz, I Rantzau, Guglielmo Ratcliff, Iris) y director de orquesta (era famosa su interpretación de la  Sinfonía “Patética” de Tchaikovsky) le habría prodigado una serie de éxitos manifiestos en circuitos fuera y dentro de Italia.

En 1901 una nueva ópera, Le Maschere, tuvo gran resonancia y se presentó en simultáneo en 6 teatros italianos; en 1911, Mascagni se trasladó a Buenos Aires para dirigir la primera representación de Isabeau.

Cuando Mascagni se traslada por un largo periodo a Bellevue, cerca a París, residía cerca del  poeta D’Annunzio y de este sinergismo artístico nace “Parisina”, el único libreto de ópera escrito por el mencionado poeta.

Durante la primera guerra mundial y años sucesivos, la producción de Mascagni se hizo menos intensa: a  Lodoletta (1917) le siguieron a intervalos amplios la operetta “Sì, Il piccolo Marat”, la reconstrucción de una ópera juvenil “Pinotta”, y finalmente “Nerone” (1935), que utiliza el material de una ópera incompleta anterior; “Vistilia”.

Después de Pesaro, Mascagni se traslada a Roma, donde se convierte en director artístico del teatro Costanzi (1909-1910), luego el “accademico di Santa Cecilia” (1922) y designado como tal para representar a Italia en las celebraciones vienesas por el centenario de Beethoven (1927).

EL ÉXITO (¿) DE LA CAVALLERIA RUSTICANA

Última escena de la ópera "Cavalleria rusticana"

La llegada de Cavalleria rusticana, en la  primavera de 1890, encuentra el teatro musical italiano en una fase de cansancio y de expectativa (después del final de la estación verdiana y la producción del momento basada en géneros que imitaban a Wagner). Es quizás por esto que la Cavalleria rusticana es recibida con honores triunfales; la partitura del joven y desconocido músico acabó con la expectativa, trasladando a la escena lírica los ideales del realismo, encarnados en la música con plena inmediatez expresiva, exaltados con un caluroso y sensual tratamiento melódico.

Mascagni era consciente de la necesidad de una “Renovación” y tentó varias veces sobre el camino del idilio sentimental en “L’Amico Fritz” y en “Lodoletta”. Trato el exotismo florido en “Iris”, igualmente intentó con la antigua comedia artística en “Le Maschere”, el medievalismo de “Isabeau” y “Parisina”. Apeló al romanticismo en “Guglielmo Ratcliff” (de hecho la primera ópera, porque Mascagni la dejo de hacer cuando se enteró del concurso de Sanzogno).

Despues de muchos intentos se podría decir que Mascagni fue un compositor que no buscó innovaciones musicales, sino que apostó más bien a un cómodo “inmovilismo efectivo.”

Existe quizás una tímida excepción muy breve relativa al impresionismo, que se puede sentir en “Iris”. A todo esto estaba ya surgiendo una nueva propuesta, ya renovada a las instancias de aquel tiempo,  y la obstinación de Mascagni a lo tradicional encontraría su final, a favor de un joven Giacomo Puccini.