Furor electoral en Italia (1861)

Enero de 1961: Ya eran dos años que Giuseppe Verdi estaba sin hacer óperas, dos años están a sus espaldas desde cuando concluyó Un Ballo in Maschera, Verdi llegó a considerar que su carrera estaba por terminar: “Espero haber dado un adios a la musa y deseo no caer en la tentación de retomar la pena” (Así le había escrito a Piave en el 1859).

El maestro estaba en ese entonces empeñado en tareas de ampliación de la villa de Santa Agata, asi como a asuntos de orden político; en una Italia finalmente unida (solamente faltaban Roma y Venecia par completar la unidad), justo se convocaban a comicios generales que debían elegir el primer parlamento nacional. Cavour (colaborador de Garibaldi) trata de convencer a Verdi para aceptar una candidatura, Verdi acepta con algunas condiciones, justo en ese momento Verdi recibe una carta del tenor romano Enrico Tamberlick: quien había logrado un alto cargo en el teatro de San Petersburgo, así, invitaba al maestro para hacerle una condecoración e induce a Verdi a componer una ópera para el teatro. Y sorpresivamente Verdi acepta, aunque habia ya decidido no ocuparse de los teatros de ópera, ciertamente un incentivo artístico y económico habrían sido los responsables.

Giuseppe Verdi hacia 1850.

Verdi propone como argumento para la nueva ópera “il Ruy Blas” de Victor Hugo, pero ese argumento encuentra censura por parte de la autoridad rusa. Mientras se suceden estos problemas, llega un emisario de San Petersburgo; Achille Tamberlick (pariente del tenor). En esos momentos Verdi había sido elegido como diputado y participa de la elección de Vittorio Emanuele como Re d’Italia.

Despues de estas distracciones políticas Verdi comienza a ocuparse de lleno a la ópera para San Petersburgo, poniéndose a buscar argumentos para este fin. Pero, sucede que, al momento de firmar el contrato en junio de este año se entera de la existencia de “La Forza del Destino,” que proviene del drama en verso y prosa “La fuerza del sino” de Ángel Perez de Saavedra, duca de Rivas, escrita en París entre 1830 y 1833, bajo la influencia de los grandes drama de Victor Hugo, y que se representó en Madrid en 1835. “La fuerza del sino” pone en marcha el teatro romántico español. “El drama es potente, singular y vastísimo, me gusta mucho, no sé si el público lo verá como yo, lo cierto es que es algo fuera de lo común” (Carta a escudier, editor de Verdi en Francia).

Alrededor del 1850 circulaba por Milán una traducción al italiano, hecho que fue aprovechado por Verdi para la construcción del libreto.

LA FORZA DEL DESTINO

Ópera en cuatro actos con música de Giuseppe Verdi (Le Roncole, 1813 – Milán, 1901). Esta ópera fue hecha a partir del libreto de Francesco Maria Piave basado en el drama de Ángel Saavedra, Duque de Rivas, titulado “Don Álvaro o la Fuerza del Sino” (Madrid, Tomás Jordán, 1835). Esta ópera Fue comisionada por el entonces Teatro Imperial, hoy Teatro Mariinsky, de San Petersburgo, capital del entonces Imperio ruso y estrenada con la presencia del compositor el 10 de noviembre de 1862 (29 de octubre de 1862, según el calendario juliano, todavía en vigor en el Imperio Ruso hasta 1918).

Pese a todo, Verdi no quedó demasiado satisfecho del libreto que había escrito Francesco Maria Piave, entonces le encomendó a éste una revisión del libreto para el estreno italiano. Al parecer era demasiado violento, “debemos buscar la forma de evitar todos esos muertos” le escribió al libretista. Piave enfermó y el compromiso recayó en Antonio Ghislanzoni, quien alteró radicalmente el final (en la primera versión Don Álvaro se suicida), el tercer acto y algunas otras partes.

Quizás lo más significativo de la reforma hecha por Verdi es el agregado de la famosa obertura, que no figuraba en la versión original y en la que aparecen los motivos musicales (leitmotiv casi, a la manera de Wagner) que incluyen el célebre tema «del destino». Esta es la versión que se presenta actualmente.

La Fuerza del Destino quedó incorporada al repertorio habitual de muchos teatros. Su presencia se tambaleó en los años veinte para volver a resurgir ya antes de la II Guerra Mundial.

Esta ópera ha ganado fama de traer mala suerte, fama que se vió reafirmada cuando, el 4 de marzo de 1960, el barítono Leonard Warren murió en el escenario del Metropolitan de New York en brazos del tenor Richard Tucker, durante la representación de esta ópera.


PERSONAJES

PERSONAJES
Marqués
Leonora
Curra
Don Álvaro
Don Carlos
Trabuco
Preciosilla
Fray Melitón
Padre Guardián
Médico
El Marqués de Calatrava
Hija del Marqués
Sirvienta de Leonora
Pretendiente de Leonora
Hermano de Leonora
Buhonero
Gitana
Monje Franciscano
Del monasterio Franciscano
Cirujano militar
bajo
soprano
mezzo-soprano
tenor
barítono
tenor
mezzo-soprano
barítono
bajo
barítono

ARGUMENTO

ACTO I

Castillo de Calatrava, cerca de Sevilla. El marqués da las buenas noches a su hija,  y se da cuenta de su mal humor y lo atribuye a que él ha alejado de Leonora a su pretendiente, Don Álvaro, considerado por el noble como indigno de la mano de su hija. Cuando el marqués se retira, Leonora trata con su sirvienta, Curra, el plan para huir con Don Álvaro esa misma noche, a la vez que manifiesta su pesar por el disgusto que va a causar a su padre y por tener que abandonar su hogar. Llega Don Álvaro, es recibido con algo de dudas por parte de Leonora, quien le suplica se queden un día más para poder ver a su padre (Gonfio di gioia ho il cor! Restiamo), pero sobreponiéndose a sus dudas, Leonora está a punto de marcharse con él.

De pronto se oyen pasos y aparece, con varios criados, el marqués, que ordena la detención de Don Álvaro. Éste se entrega sin resistencia y arroja su pistola a los pies del marqués en señal de sumisión, con tan mala fortuna que el arma se dispara e hiere mortalmente al padre de Leonora (Vil Seduttor, Infame Figlia!)

Esta parte siempre parece confusa al oyente, el libro original textualmente dice “…Alvaro responde al marqués ─Sí, debo morir… pero a vuestras manos.─  (Pone una rodilla en tierra.) ─Espero resignado el golpe, no lo resistiré: ya me tenéis desarmado. ─ (Tira la pistola, que al dar en tierra se dispara y hiere al marqués, que cae moribundo en los brazos de su hija y de los criados, dando un alarido.)…”.

El marqués, en sus últimos momentos, maldice a su hija, que huye con Don Álvaro.

ACTO II

Una posada o taberna en las afueras de Hornachuelos, en la que se canta y se baila. Los clientes se sientan a cenar. Un “estudiante” (en realidad, Don Carlos, hermano de Leonora, que busca a ella y a Don Álvaro) bendice la mesa. Llega Leonora, con ropas de hombre, y reconoce en el estudiante a su hermano. Éste pregunta a un buhonero, Trabucco, acerca de su compañero de viaje (pues Trabucco ha llegado en compañía de Leonora), pero en ese momento aparece Preziosilla (gitanilla), que entona una alegre canción patriótica, porque ha estallado la guerra de españoles e italianos contra los alemanes, canción que es coreada por todos los asistentes.

El estudiante sigue preguntando a Trabucco acerca del viajero, pero éste soslaya la cuestión y se retira a dormir. Ahora Carlos trata de subir a buscar del viajero pero el alcalde se lo impide y a su vez le pregunta quién es él. Carlos dice que es Pereda, un estudiante (“Son Pereda”), y que busca a un amigo llamado Vargas.

Se reemprende la diversión, hasta que todos se van marchando a dormir. Leonora ha podido escapar de la posada.

La escena transcurre ahora en el atrio del monasterio de Hornachuelos. Luce la luna y pronto amanecerá. Vemos de nuevo a Leonora, aún vestida con ropas de hombre, que ha llegado allí exhausta. Pide perdón a la Virgen: “Madre, Madre, pietosa Vergine“. Los cánticos de los monjes suenan en el convento.

El guardián, fray Melitón, no sabe si llamar o no al Padre Guardián, pero finalmente se decide a hacerlo. El Guardián hace salir al hermano Melitón y escucha la historia que le relata Leonora. El padre la exhorta a la oración y al arrepentimiento y le dice que  se retire a una gruta cercana al monasterio para hacer allí vida de ermitaño. El Padre llama ahora a fray Melitón para que reúna a la Comunidad y todos dan gracias a Dios por su misericordia. Todos piden a la Virgen de los Ángeles que bendiga al nuevo ermitaño. (“La Vergine degli Angeli”)

ACTO III

En la noche y en un bosque cerca de Velletri, en Italia; unos soldados están jugando a las cartas. Su capitán es don Alvaro, que bajo nombre falso se ha unido al ejército español que en Italia lucha contra los teutones. Piensa en su infelicidad, y en Leonora, a la que cree muerta: “Oh tu che in seno… ” (“Oh tú, que en el seno…”).

[En esta escena Don Alvaro hace un resumen un tanto confuso de su origen, según el libro riginal, Don Alvaro fue hijo de un virrey que quiso convertirse en emperador del nuevo mundo en tiempos del incanato, para hacerlo incitó a la rebelión y se casó con la última representante noble de los incas (¿) para luego ser apresado y condenado a vivir en prisión, donde nació Don Alvaro. Son algunas de las cosas inconsistentes que presenta el libro y lamentablemente no corrigió el libretista. Resulta difícil creer que los incas fuesen liderados por un virrey en una rebelión y que además se hable de princesas incas, cuando este tipo de sucesión incaica no se practicaba ni en tiempos de esplendor inca]

Se escucha un grito de alguien que pide ayuda: Álvaro se apresura a acudir y vuelve con Carlos, ahora oficial del ejército español, a quien ha salvado de ser asesinado. Los dos hombres, que no se habían visto nunca antes, dicen sus nombres, ambos falsos, por supuesto, y se prometen amistad eterna.

Suena un toque de alarma y los dos salen al combate. Hay un rápido cambio de escena a un salón, en el cual un cirujano y sus ayudantes contemplan, a través de un ventanal, la batalla, en la que han vencido los españoles. Entra Álvaro, vencedor al frente de sus hombres, pero herido de gravedad. Carlos felicita al capitán por su valor y le anuncia que va a proponerle para la orden de Calatrava. Al oír este nombre, Álvaro se llena de zozobra (Calatrava es el apellido familiar de Leonora), después, sintiéndose muy mal herido, ruega a Carlos que cumpla su última voluntad y destruya sin abrirlo un envoltorio que le entrega: “Solenne in quest’ora“) (“Solemnemente en esta hora”).

Carlos, a solas, empieza a pensar si su nuevo amigo, que tanto se ha turbado al oír el nombre de Calatrava, no será la persona que dio muerte a su padre. Y lucha entre la promesa que ha hecho y el impulso de ver los documentos que don Alvaro le ha entregado. Abre el paquete recibido de Carlos y encuentra en él una cajita: en su interior hay un retrato de Leonora, lo que confirma plenamente las sospechas de Carlos. Y se llena de alegría al saber por el cirujano que Don Alvaro se salvará; así podrá él darle muerte y cumplir su venganza. (“Lieta novella è salvo”)

Ahora pasamos a un campamento. Una patrulla cruza la escena. Alvaro está solo, pensativo, cuando entra Carlos. Declara su personalidad a Álvaro y le reta a un duelo. Álvaro se resiste, alegando que fue el destino, y no él, quien mató al marqués, y reafirma su verdadera amistad hacia Carlos. Pero éste, que ha tenido noticia, por casualidad, de que Leonora vive, cosa que no sabe Álvaro, provoca deliberadamente a éste, y ambos se baten. La patrulla, que entra de nuevo en escena, separa a los contendientes. Álvaro, lleno de tristeza, decide retirarse a un monasterio.

Nos hallamos ahora en el campamento principal. Los soldados y las mujeres que los siguen cantan alegremente, mientras Preziosilla les ofrece leerles el porvenir; después, tras varios brindis, entra Trabucco, el buhonero, que compra y vende todo y seguidamente, unos pobres campesinos, con sus niños, pidiendo pan (“Pan, pan per carita”); por último, un grupo de reclutas, nostálgicos de su tierra. Preziosilla dirige ahora al conjunto, que canta y baila una tarantela, interrumpida por un sermón burlesco de Fray Melitón, lleno de equívocos y retruécanos: “Preferís las botellas a las batallas”. El fraile, finalmente, es arrojado a empellones por los soldados españoles e italianos. El acto concluye con otra canción de Preziosilla (“Rataplán”), a la que acompaña el coro.

ACTO IV

Estamos ahora en España, poco tiempo después de lo anterior. A las puertas del monasterio de Hornachuelos, Fray Melitón está distribuyendo comida a los mendigos, en presencia del Padre Guardián. Los mendigos dicen que en vez de Melitón prefieren al Padre Rafael, lo que causa la airada indignación de aquél. El Padre Guardián le reprocha su actitud a la vez que ensalza las virtudes y abnegación del Padre Rafael, que no es otro que Don Álvaro.

Suena la campanilla del convento y el Padre Guardián ordena a Fray Melitón que abra. Aparece don Carlos: ha seguido las huellas de don Alvaro y dice a Fray Melitón que lo llame. Mientras espera, reafirma su propósito de dar muerte a Don Álvaro, y en efecto, cuando aparece, le reta. El “Padre Rafael”, que no siente ningún odio hacia Don Carlos y sólo desea vivir en paz en el convento el resto de su vida, se resiste a luchar: “Le minaccie, i fieri accenti” (“Las amenazas, las fieras palabras”); sin embargo, Don Carlos le provoca una y otra vez y finalmente le abofetea. El orgullo de caballero de Don Álvaro no puede resistir más y finalmente sale a batirse.

Leonora aparece en su cueva; reza: “Pace, pace, mio Dio” (“Paz, paz, Dios mio”), pidiendo a Dios que ponga fin a sus sufrimientos.

Se oye un ruido cerca y ella se retira al interior de la cueva; son su hermano y Don Álvaro, que luchando se acercan a aquel lugar. Don Carlos, mortalmente herido, pide un confesor, y Don Álvaro, acercándose a la cueva, llama al “ermitaño”. Leonora hace sonar la campanilla para pedir ayuda y cuando sale, reconoce a Don Álvaro. Desesperado, él cuenta a Leonora todo lo sucedido y que su hermano ha muerto. Leonora corre hasta Don Carlos; éste, moribundo, al ver a su “culpable” hermana, tiene fuerzas suficientes para asestarle una herida mortal. Sostenida por el Padre Guardián, Leonora vuelve con Don Álvaro, quien maldice furioso a las fuerzas que gobiernan su destino. En un trío, el Padre Guardián y Leonora le reconvienen por ello. En su agonía, Leonora piensa esperanzada en reunirse con Don Álvaro en el cielo.

[En el libro original, quien reta a duelo y muere a manos de Don Alvaro es Don Alfonso de Calatrava, hermano de Don Carlos, quien habría estado siguiendo el rastro de Don Alvaro desde Lima]

LOS INTÉRPRETES

RENATA TEBALDI

Renata Ercilia Clotilde Tebaldi (Pesaro, 1922 – San Marino, 2004)

Renata Tebaldi in Leonora.

Su padre Teobaldo Tebaldi fue un violonchelista y su madre Giuseppina Barbieri una cantante con posibilidades de carrera, pero finalmente dedicada a la enfermería.

Realizó sus estudios musicales en los conservatorios de las ciudades de Parma y Pesaro, con maestros como Carmen Melis, Giuseppe Pais, Brancucci y Campogalliani. Su debut tuvo lugar con la interpretación del personaje de Elena en una representación de la ópera Mefistofele, del compositor Arrigo Boito, en el año 1944.

Entre los papeles que Renata Tebaldi cantó con más éxito figuran los de Aida, la protagonista de la ópera del mismo título compuesta por Verdi, así como los de Tosca, de Giacomo Puccini, o el de la Condesa de la ópera Las Bodas de Figaro, de W. A. Mozart. Ya en los años sesenta, la soprano decidió abordar otros papeles líricos poco representados, como el de Minnie, de la ópera La fanciulla del West, compuesta por Giacomo Puccini, así como el de Adriana Lecouvreur, protagonista de la ópera del mismo nombre del compositor Francesco Cilea. Pero el repertorio en el que la cantante desarrolló toda su capacidad expresiva es el de las canzone italianas del post-verismo, cuyos matices y color supo captar de una manera privilegiada gracias a su origen italiano.

A pesar de que Renata Tebaldi se negó reiteradamente a entrar en polémicas a propósito de la rivalidad que todos le atribuían con Maria Callas, esta negativa no fue suficiente para diluir los comentarios a propósito de la supuesta competencia entre estas dos sopranos, así como para persuadir a su supuesta rival de su nulo interés en establecer una lucha que, al menos desde un punto de vista personal, no beneficiaba nadie.

Al final de su carrera, Tebaldi había cantado en unas 1.262 ocasiones, de las cuales 1.084 fueron en óperas completas y 214 en recitales. Tebaldi se retiró de los escenarios de ópera el 8 de enero de 1973, cantando en el Metropolitan de Nueva York el papel de Desdémona, es decir el mismo de su debut, dieciocho años antes.

En los tres años siguientes se limitó a cantar en recitales, muy frecuentemente en compañía de Franco Corelli. Cantó por última vez en La Scala en 1976 a la edad de 54 años. Pasó la mayor parte de sus últimos días en Milán y murió el 19 de diciembre de 2004, a la edad de 82 años en su casa de San Marino, víctima de un cáncer. Su cuerpo descansa en la capilla familiar del cementerio de Mattaleto, en Langhirano, provincia de Parma.

MARIO DEL MONACO

(Florencia, 27 de julio de 1915 – Mestre, 6 de octubre de 1982) fue un tenor dramático italiano


Mario del Monaco in Don Alvaro.

Mario del Monaco nació en una acomodada familia florentina con antecedentes musicales. Estudió el violín pero siempre fue un apasionado del canto. Se graduó en el Conservatorio Rossini, en Pésaro, donde conoció y cantó por primera vez con Renata Tebaldi. Raffaelli, su maestro, reconoció su talento y le ayudó a iniciar su carrera.

Luego estudió técnica vocal principalmente con Melocchi. Se casó en 1941 con Rina Filippini. Debutó en un papel importante el 31 de diciembre de 1940 como Pinkerton en Madama Butterfly en el Teatro Puccini de Milán. Aún no ha sido superada su interpretación de Otello, personaje que abordó por primera vez en 1950 y el cual fue madurando durante toda su carrera. Se ha llegado a decir que interpretó el personaje por lo menos 427 veces. Fue incluso enterrado en su traje de Otello.

Mario del Monaco también destacó en varios de los papeles de las óperas de Giuseppe Verdi, entre los que pueden mencionarse Don Álvaro, protagonista masculino de la ópera La forza del destino; Radames, de la ópera Aida; Manrico, de la ópera Il trovatore, etc. Pero el tenor no solamente se enfrentó con éxito al repertorio italiano, sino que también realizó incursiones en el repertorio francés, representando papeles como el de Don José, el militar que protagoniza la ópera Carmen, de Georges Bizet, o el de Aeneas, de la ópera titulada Les Troyens, compuesta por Hector Berlioz.

Gracias a la potencia y a la riqueza tímbrica de la voz de Mario del Monaco, así como a su presencia escénica, el tenor obtuvo también un cierto éxito dentro de un campo en el que pocos son los cantantes italianos que se desenvuelven cómodamente y, menos aún en los tiempos en los que del Monaco lo hizo: el del exigente repertorio Wagneriano. Así, el tenor llevó a cabo interpretaciones brillantes en papeles como los de Lohengrin y Siegfried. El último de ellos lo cantó en la lengua alemana original del libreto. Hacia 1970 su salud comenzó a quebrantarse seriamente y se retiró poco después.

ALDO PROTTI

Aldo Protti in Rigoletto.

(Cremona, 1920 – Cremona , 1995)

Barítono italiano asociado en general con el repertorio de ópera italiana.

Protti estudió en Parma, e hizo su debut en Pesaro como Fígaro en 1948. Así también llegó a debutar en La Scala di Milano en 1950 como amonasro de la ópera Aida de Verdi. En La Scala permanecería por muchos años. El cantó muchas veces fuera y dentro de su país en largas giras por Europa, siendo un embajador de la ópra italiana, se le conoció además como “uno de los barítonos más confiables del negocio”

Como nota curiosa se sabe que debutó en el Metropolitan a los 65 años en el rol de Rigoletto(¡).

Entre los roles predilectos de este cantante están especialmente los verdianos como Rigoletto, pero también gustan sus apariciones como  Alfio, Tonio, Gérard, Scarpia, etc. Tiene en su haber varias grabaciones en disco acompañando a Mario del Mónaco, Renata Tebaldi e incluso Herbert von Karajan.