LAS CUEVAS DE LAURICOCHA


Ubicación del Departamento de Huánuco - Perú

La zona de Lauricocha está ubicada en las cabeceras del río Marañón – Amazonas, en la provincia de “Dos de Mayo”, departamento de Huánuco, sus coordenadas son; 10° 18’ de Latitud Sur y  76° 40’ de longitud Oeste. Su extensión altitudinal  comprende alturas desde los 3900 m.s.n.m

en el sector más bajo del valle y 4500 m.s.n.m  en las cumbres. Su mayor parte está comprendida por planicies, terrazas, cerros y faldeos relativamente suaves. El clima no es muy benigno y la tendencia es hacia temperaturas bajas mas no extremas.


Ubicación de Lauricocha - Huánuco - Perú

Esta zona parece haber presentado condiciones favorables para el asentamiento humano, cuando se producía el retroceso glacial hace       10 000 años o poco más. También era importante como asentamiento faunístico de especies muy estimadas como cérvidos y lamoides. Incluso la distribución de

“Cadenas” de cavernas podría haber conferido una posición estratégica para los primeros pobladores, además se estima que esta zona estaba cubierta de un tapiz vegetal apreciable, que incluía valiosas especies de tubérculos y raíces tuberosas que eran agregados a la dieta de los cazadores. (Cardich, 1976).

Los hombres que siguieron la tradición de puntas foliáceas en los andes del Perú eran dolico-hipsicráneos (cabeza alargada y alta) con una cara medianamente ancha y una estatura alrededor de los 1.62 m (Bormida 1965).

Augusto Cardich  hizo la estratigrafía de estas cavernas pudiendo sugerir hasta cinco estratos u horizontes que los denominó; Lauricocha I (L – 1), Lauricocha II, etc.

ECONOMÍA

"Taruca" Hippocamelus antisensis

La economía de estos habitantes se basó principalmente en la caza de herbívoros grandes o medianos, a la que se habría agregado la recolección. Inicialmente en L – 1 (10 000 a 8 000 años BP) hubo un gran consumo de cérvidos, siendo el más representativo para esta parte del continente, el conocido como “Taruca” (Hippocamelus antisensis). Entonces, hubo una ventaja de consumo de este tipo respecto del de camélidos lamoides. Estos cérvidos se adaptaron mejor a este clima por ser más húmedo, cosa que no podían hacer los lamoides. Aunque no se descarta que simplemente fuese el resultado de una preferencia cultural. Esta predominancia de huesos de cérvidos se ha repetido también en los niveles más profundos de la cueva de Panaulauca (Junín – Perú), otro asentamiento humano temprano de inicios del holoceno,  con una estadística de 74% de cérvidos y 26% de lamoides. Luego en L – 2 (8 000 a 5 000 años BP) y L – 3 (5 000 a 4 000 años BP) se advierte una mayor cantidad de huesos de lamoides con una despreciable disminución de huesos de cérvidos (de igual manera en Panaulauca), tal vez sea por la especialización en técnicas de caza de lamoides (guanaco, vicuña y antecesores silvestres de la llama y alpaca). La escases de huesos de aves y roedores  hace pensar que estos primeros cazadores no tuvieron dificultad en  procurarse alimento, no obstante estos pequeños animales abundaban en la zona, tal es el caso de Vizcachas (Lagidium) y cuyes (Cavia).


"Vizcacha" Lagidium viscacia

"Cuy" Cavia Porcellus

INSTRUMENTAL

Material lítico del Primer Horizonte L - 1

Los hombres que poblaron estás cavernas ya vinieron con un alto nivel de desarrollo en instrumental, por ejemplo, ya conocían las técnicas del trabajo a “presión”. Lauricocha se caracteriza por su tradición de puntas foliáceas o puntas en hoja.

En L – 1, se difundieron estas puntas foliáceas, es decir puntas en forma de hoja, bifaciales y espesas con algunas variantes que van desde la doble punta, o sea con la base aguzada a la punta con base más o menos redondeada. Las más grandes podían medir unos 80 mm y las más pequeñas alrededor de 35 mm, con un promedio que tiende más a esta medida (promedio de 46 mm). Este instrumental con esta forma va a persistir a lo largo de milenios, incluso hasta la época alfarera, aunque se verán matizados con la aparición de variantes regionales y tipos secundarios. En L – 1 se ha hallado, además, puntas triangulares más o menos alargadas y con base en ligero arco y de excelente trabajo a presión. También se encontró un tipo de punta subpentagonal con dos aletas laterales, un tipo que después se abandonó ya que no persiste en las capas superiores.

Completan la colección de instrumental raspadores, cuchillos y lascas utilizadas. Existen pocos instrumentos de hueso, como perforadores, espátulas, y puñales.

Instrumental Lítico de la Fase L-II

En el segundo horizonte (L – 2) aparecen unas puntas romboidales, cuchillo-raederas y puntas subpentagonales. Se ha fechado el inicio de este periodo mediante muestras de carbón calcinado obtenidos de un fogón a 3 m de profundidad en la cueva U – 1 de Lauricocha arrojando una edad de 8 140±140 años BP. Este periodo habría gozado de un opticum climaticum por un sensible repunte pluviométrico, además se llega a un cierto semisedentarismo que facilitó las experimentaciones en la domesticación de plantas y animales, empieza así, una tendencia a la desarticulación o diversificación regional del instrumental lítico (sin  lograrlo totalmente).

El tercer horizonte pre-cerámico ó L – 3  se caracteriza porque las formas regionales que han ido surgiendo alcanzan mayor peso en la caracterización de las industrias. Se presenta una disminución de los artefactos líticos y un ligero repunte de los huesos utilizados, además se agregan  algunas puntas con base más ancha que el limbo, otras romboidales y subpentagonales.

Esta misma tendencia hacía un leve cambio se puede comprobar en yacimientos de los andes peruanos del Sur, se agregan formas algo distintas o en diferente concentración que en las regiones centrales o septrentionales, tal es el caso de las puntas triangulares pequeñas y finas, otras con escotadura basal muy pronunciada que aparece por ejemplo en Toquepala (Tacna, Perú) y hasta en los diversos niveles de Intihuasi (Argentina). También se han hallado pequeñas puntas pedunculadas de varias formas.

Material lítico del Tercer Horizonte L - 3

ARTE Y RITUALES

Entrada a las cuevas de Lauricocha.

Desde hace 10 000 años, estos pobladores nos dejaron muestra de su vida espiritual, como en lo que respecta a los arreglos para las tumbas de sus niños (Cardich, 1964) que al parecer merecieron una mejor atención ritual. Estas tumbas de niños de Lauricocha I se ubicaron junto a piedras de buen tamaño que sobresalían del banco glacifluvial en el piso de la cueva que empezaron a ocuparla como vivienda.

En el caso de la tumba No. 11 se aprecia claramente que por encima de la tumba se ubicó un fogón, tal vez vinculado a la idea de que en esa forma el cuerpo enterrado pudiera recuperar el calor perdido. Es notable también el uso de ocre, rojizo en la tumba No. 9 y amarillo en la No. 10, y algo particular, no conocido antes, el uso de oligisto o sea el hierro metálico brillante y en polvo o gránulos finos cubriendo la osamenta de la tumba No. 11.. El ajuar era relativamente rico en esas tumbas de niños: aparecieron artefactos de huesos, piezas de silex y sobretodo cuentas de collar de hueso, de turquesa y en un caso numerosas cuentas de valvas de un molusco de mar, del género pecten. Las tumbas de adultos que se han encontrado en Lauricocha I, han sido de carácter sencillo, no aparecieron construcciones, tampoco amontonamientos muy evidentes de piedra, ni forma alguna de cipo funerario.

Hallazgo funerario en las cuevas de Lauricocha.

Las incipientes fosas habrían tenido escasos centímetros de profundidad, como se ha podido observar claramente en la parte superior del banco glacifluvial ubicado por debajo de las capas culturales. En el banco estéril se cavaron ligeramente, separando escasas porciones del material claro, para colocar el cadáver. Sin embargo, en estos mismos esqueletos. Es necesario notar que estos esqueletos aparecieron con un incompleto conjunto óseo, resultado de una exclusión parcial de algún sector del cuerpo del cadáver. Sin embargo, en estos mismos esqueletos, los restantes huesos presentaban una ubicación y conexión anatómica normal. En el caso del esqueleto 5, el cráneo no estaba perfectamente conectado y en correspondencia a la posición del cuerpo, que estaba extendido horizontalmente. En el esqueleto 6 faltaba completamente la pierna derecha (Cardich, 1964).

Respecto a este punto se puede decir muchas cosas: cercenamiento ritual, producto de enfrentamientos o quizás intrusión de animales o el hombre.

El hombre de Lauricocha nos ha dejado también muestra de su arte expresado en las paredes de las cavernas que habitó. Mediante de la observación de las superposiciones de los dibujos y comparaciones con los estilos de representaciones en cerámica temprana perfectamente datada y de sitios más o menos cercanos como Kotosh (Huánuco – Perú), se pudo separar en Lauricocha dos estilos precerámicos de arte: “Estilo de escenas con representaciones seminaturalistas”, que vendrías a ser el más antiguo, vinculado probablemente a Lauricocha I. Y el “Estilo de dibujos no figurativos”, que, probablemente sea tardío.

Escena de caza pintada en rojo oscuro, en la cueva No. 3 de Chaclarraga, zona de Lauricocha.

En la representación de escena de caza que siempre se alude en los textos (para este sitio) aparece ilustrada una manada de lamoides corriendo en fila y tratando de huir mientras algunos de ellos han sido alcanzados por los dardos de cazadores estratégicamente ubicados. Estas pinturas nos dan a conocer la actividad mas importante de estos primeros pobladores: “la caza”, además podemos apreciar cómo se hacía, cuantos participaban. La pintura además muestra un dinamismo increíble al presentar personas en movimiento, persecución y acción de trote.  Todo esto sumado a la estilización propia, como agrandar el tamaño de las orejas, nos dejan un testimonio de arte muy sentido y bien expresado.