Bueno, quisiera comenzar lanzando una protesta al aire. ¡Señores organizadores! Si tiene X abonados y han vendido Y entradas, hagan X + Y + Z programas. No es de recibo que la mitad del público esté sin programa de mano. Entre ellos un servidor.

Entrando ya en materia… Hoy tuvimos programa ruso. En la primera parte pudimos escuchar el concierto para violín de Tchaikovsky y en la segunda la sinfonía nº 4 de Prokofiev (versión revisada). Dirigía Rossen Milanov y al violín estaba Akiko Swanai. Comenzaremos a comentar en orden inverso.

En primer lugar debo decir que cometí un error. Esaba convencido de que íbamos a escuchar la versión original (que fue la que estudié) y me encontré con la revisda. Poco, pues, puedo decir de esta interpreación excepto que me pareció basante pulcra, pocos ataques en falso pocos desajustes, buena presencia de las maderas, tremendos los metales (hubo algún fallo, pero perdonables), magnífica la perscusión y las cuerdas un poco como siempre. Al final tuve la sensación de que, con los medios de los que dispone esta orquesta no podía haber salido mejor. Un 7’5.

Pasemos a la primera obra del concierto. Lamento tener que parecerme a Sixtus Beckmesser (diciendo eso de ,,Zwar wird’s ‘ne harte Arbeit sein: Wo beginnen, da wo nicht aus noch ein? von alscher Zahl, und falscher Gebänd schweig schon ganz und gar: zu kurz, zu lang wer ein End da fänd?En verdad será un duro trabajo: ¿dónde empezar, allí donde no hay principio ni fin? Del metro falso y de la falsa concordancia… callo ya del todo: demasiado corto, demasiado largo… ¿quién acabara nunca?) Pero bueno, comencemos. Comenzaremos hablando de la espantosa violinista (y no por lo fea, que no lo era). Es cierto que el amigo Tchaikovsky no escribió un concierto fácil, ni mucho menos, pero… La cuestión es que la limpieza de las notas brillaba por su ausencia (juro por todos los dioses que escuché llorar a ese violín y no precisamente de alegría), jamás atendió a una de las indicaciones de fraseo del ruso. Es cierto que lograr un picado – legado es difícil, pero no puedes hacerlo legato. Las indicaciones dinámicas están para respetarse. En cierto pasaje del prier  mov. Piotr pide que se crezca a fortissimo y la anterior indicación a ese crescendo es fore,  así pes debe crecerse desde el forte al fortissimo, no hacer piano y crecer hasta forte, eso es trampa. El atropello entre unas notas y otras llegó a al calibre que esos endiablados saltos de agudo – grave – agudo que el hijo de Illia manda hacer en semicorcheas se hacían en glisandi. Y así todo el concierto excepto en ¡Maravilla de las maravillas! los compases 420 y siguientes del tercer movimiento en que Tchaikovsky pide glissandi. Por supesto cosas como poco a poco rallentando o poco a poco stringendo al tempo I no estaban en la edición utilizada por nuestros músicos. O eso, o estaban escritas en Tocario A, Hitita o cualquier lengua no descifrada.

En cuanto a la orquesta, estuvo al nivel de la solista. Sin más. Suspenso rotundo para todos.

En cuanto al tosímetro… Apagado o fuera de cobertura. El público llegó al delirio en el concierto, haciéndo a la violinisa (para su placer y mi desgracia) dar una propina no identificada. En ocasiones me pregunto si vamos a los mismos conciertos. ¿Tan extraño soy que mientras mis conciudadanos deliran yo me estremezco de pavor?

Un Saludo.

Hans.

P.S. Debo hacer mención a la extraordinaria labor del segundo fagot. Más que nada porque hemos estudiado juntos y, como es más grande que yo, me puede pegar.