Antes de comenzar quisiera dedicar esta crítica a la Doctora Doña María Jesús García que no pudo asistir al mismo y con el que, creo, habría disfrutado.

La primera parte estuvo dedicada a música contemporánea (dos eran estreno absoluto y tres estreno regional) para flauta sola. El intérprete (no podemos citar nombres pues no vi ni un programa) explicaba brevemente cada pieza y halaba un poco del compositor en cuestión. Sintiendo como siento un rechazo casi visceral por este instrumento de madera, debo reconocer que me gustó mucho. Quisiera llamar la atención sobre la obra titulada “Lamentos bajo el mar” de Manuel (?) Espasa. Una obra llena de efectos y muuy interesante. También hay que señalar la presencia de uno de los compositores en la sala (su nombre no lo recuerdo). Por otra parte la interpretación, sin ser ninguna genialidad, estuvo bien hecha, con gran correccion y muy pulcra. Y esto nos llevó unos tres cuartos de hora.

La segunda parte estuvo dedicada a la Misa breve (muy breve) y solemne en do mayor KV 259 ,,Orgelmesse” de Mozart (lo cual, como se verá en breve, tiene una coña tremenda). La intérpretación estuvo a cargo de Orquesta de Cámara del Conservatorio de Oviedo, La Coral Cruz de la Victoria, Vanessa del Riego (Soprano), Rosa Sarmiento (Mezzo), Faustino  Reguero (Tenor) y Óscar Castillo (bajo), todo ello bajo la dirección de ernando Agüeria.

En primer lugar debemos señalar que la media de edad global debía andar entre los treinta y muchos y los cuarenta y pocos, esto fue debido a la extraordinara juventud de los músicos de la orquesta (excepción hecha del concertino, el timbalista y un violonchelista) que no debía llega a la veintena, si es que superaban la mayoría de edad, y la también extraordinaria vejez del conjunto coral (que se situaba entorno, calculo, a la sesentina, si es que no andaba por la setentena, con todos los problemas vocales que la edad acarrea si no se tiene una gran técnica. Una vez dicho esto pasemos a dar más detalles. El coro estaba formado por el doble de féminas que de varones. Esto sumado a la escasa presencia vocal general hacía que pareciese un coro de voces blancas. A parte de esto, el credo estuvo a cargo del cuarteto solista porque el coro no podía con él. En cuanto a los solitas, no me convencieron demasiado la soprano ni el bajo. A ella se la notaba bastante falta de apoyo, pero cuando apoyaba bien casi era peor pues su vibrato era tan rápido que parecía que trinaba cada nota. El bajo no me convenció por su escasa presencia (y eso que el cuarteto vocal no destacaba precisamente por ello) y porque casi se queda bizco de tanto mirar al director, lo que denotaba una gran inseguridad. Por poner un ejemplo contrario, el tenor no miró ni una vez al directo, aunque eso lo llevó a adelantarse una minifracción de segundo en el benedictus. LA mezzo me convenció. No era Fedora Barbieri, pero no lo hizo nada mal. Sin embargo me frustró el tenor. ¡Que lástima que una voz an bella y tan bien adaptada a Mozart sea tan pequeña! Si tuviese mayor presencia otro canto gallaría… esto, otro gallo cantaría. En cuanto a la orquesta tocó de manera casi perfecta, sin  errores reseñables. Y a todo esto, se preguntará  usted, ¿y el organista? Buena pregunta tratándose de la Orgelmesse. Pues el organista estaba, lo que no estaba era el órgano (de ahí que el asunto tuviese su coña), que fue sustituido por un clavinova. ¿Estos aparatos no pueden imitar el sonido de un órgano? Porque este sonaba a piano que tiraba para atrás.

Al final de tan breve parte estuvo marcada por la repetición del Benedictus (esta vez sin errores) y la interpretación, como segunda propina, del Aue uerum corpus.

En resumen, muy interesante la primera parte y muy agradable de oir la segunda.

A todo esto, y ya que era la primera vez que pisaba este coliseo, debo decir que me llamó la atención el pequeño tamaño del Filarmónica, sala que fue calificada por Hermann Schechen como la mejor sala de conciertos de Europa tras la Musikverein de Viena.

Un saludo.

Hans.