Damas y caballeros, el concierto de hoy me puso en una disyuntiva complicada ya que, a la vez que el mismo, se jugaban las semifinales del Campeonato del Reino Unido entre John Higgins MBE y Mark Allen. Esto, que a simple vista puede parecer una ironía, no lo es tanto sabiendo que soy un activo jugador de Snooker. Al final me decidí por el concierto. ¿Hice bien? Ahora lo veremos.

Primero, debemos decir que el concierto fue precedido por una conferencia sobre Arvo Pärt ofrecida por el departamento de Historia y Ciencias de la Música. Por desgracia no pudimos acudir porque los hijos de uno quieren comer y hay que trabajar para ello.

La primera parte estuvo dedicada al Concierto para Violonchelo de Elgar. Debo confesar que nunca me he sentido demasiado atraído por los instrumentos individuales, pero siempre he tenido un profundo amor hacia el sonido orquestal, lo que me lleva a exigir el máximo de las orquestas que escucho. ¿A qué viene todo esto? se preguntará usted, pues a que pocas palabras dedicaré al solista, Adolfo Gutiérrez Arenas, y me centraré un poco más en la labor de la orquesta.

El violonchelista cumplió de manera sobrada con su labor, un sonido rotundo (aunque el sonido de este concierto lo recordaba más lleno, hablo de la última vez que lo escuché en directo) y bello, con detalles de buen gusto, especialmente en cuanto al fraseo. En el lado negativo debo decir que se escuchaba en ocasiones bastante más el sonido de su respiración que el de su instrumento. Sabemos que el tocar un instrumento de esas características es un trabajo físico importante, pero tampoco es levantamiento de piedra. Un poco más de moderación.

En el lado orquestal, la estonia Anu Tali mostró lo que se puede  mejorar a una orquesta con un buen hacer. Sin duda los lectores más asiduos recordarán que, concierto sí, concierto también, hablé de los problemas de equilibrio de la formación asturiana. Pues ni rastro. Parece que la mujer siente el mismo apego que yo por los sonidos rotundos de los metales y la percusión. Es cierto que el nivel no fue el que puede exhibir una London Symphony a las órdenes de Sir John Barbirolli, en la interpretación referencial de la obra, con Jaqueline Du Pré (aunque nosotros nos hemos decantado para refrescar la memoria por la grabación en directo de la Filarmónica de Moscú y Rakhin con Rostropovich, que tampoco es manco) o una Royal Philharmonic dirigida por Michael Halász, director muy interesante y cuya labor no desmerece ante los grandes, lástima que esté muy pobremente acompañado por Maria Kliegel; pero no estuvo nada mal, sonido poderoso y rotundo, lleno, que convenció plenamente a un servidor. Además se oía todo perfectamente. Una gran claridad y transparencia en todo.

El tempo elegido fue relativamente pausado, aunque no llegó a decaer el interés en ningún momento. Sin embargo hubo un detalle que me desconcertó un poco. Se hicieron pausas entre los distintos movimientos, cuando la obra está diseñada para tocarse de corrido y así consta en la partitura, concluyendo todos los movimientos con la palabra “attaca”.

Así pues, una interpretación de gran nivel.

Antes de partir, el violonchelista nos ofreció una propina. No estuvo mal, pero no sé qué era. Podían aprender de Riccardo Muti o Pierre Boulez, que siempre anuncian las propinas que darán.

De momento no me arrepiento de no haber visto el partido. Sigamos.

Segunda parte, Sinfonía nº 4 “Los Ángeles” de Arvo Pärt. Previamente leí la crítica que hicieron Victor Carr jr. y David Hurwirtz, uno de los grandes críticos del planeta, a la grabación de la Permière llevada a cabo por Esa – Pekka Salonen, quien encargó la obra. Hurwitz dicía que “su cuarta sinfonía ofrece media hora de pretenciosa tontería […] Pärt marca, iluso, el primer movimiento “Con subliminità” (en realidad es “Con Subliminità – Marcato con maestà – Pacato) lo que en este caso significa que suena como las cosas que hacían Alan Hovhaness y Lou Harrison en los años 50 con títulos mucho menos pomposos. El segundo movimiento “affanoso” hace honor a su nombre “trabajado”, el problema es que el “trabajado” de Pärt no es distinto de su “Sublime” ni, para el caso, el “Deciso” final” (En realidad Insistentemente – con intimo sentimento – deciso). Y termina calificando la obra de “Simple y llanamente aburrida”. En términos menos incendiarios se mueve Victor Carr jr., aunque llega a decir que “habrá oyentes que encontrarán la técnica minimalista […] y la atmosfera meditativa “transcendental””, pero la conclusión es la misma. Así pues empecé la segunda parte atento para poder desmentir la opinión de estos dos ilustres críticos (por cierto, aquí pueden leer ambas críticas  http://www.classicstoday.com/review.asp?ReviewNum=12473 y http://www.classicstoday.com/review.asp?ReviewNum=12953). Y debo decir que lo logré

¿Cómo puedo describir esta obra? ¿Recuerdan que una sobredosis de Opio produjo a Berlioz las imágenes para crear su Sinfonía Fantástica, que es algo así como “el sueño de la razón produce monstruos” de Goya? Pues Pärt estaba colocado en plan Hippie, todo suave, aterciopelado y lleno de campos de flores. La sensación general era como estar flotando en un anuncio de Scotex o perdido en un anuncio de Evax. Si bien es cierto que hubo pasajes interesantes, uno al ¿comienzo? ¿mitad? del primer movimiento y el final, pero el resto… No seré tan cruel como Hurwitz y citaré a Rossini “Tiene partes sublimes, pero medias horas intragables”. Lo malo es que la obra dura media hora. Coincido ocn Huwitz y Carr jr., la obra es aburrida, un soberano coñazo. La última vez que bostecé tanto fue en una conferencia de Pejenaute. Sin embargo el público debía tener en mente el estreno de la sinfonía nº 7 de Bruckner y por ello nos quedamos todos hasta el final. Eso sí, un par de fríos aplausos y pa’ casa todos que nos dormimos.

¿En cuanto a la interpretación? Creo que fue buena, muy buena. ¿Debo volver a elogiar lo ya elogiado? Bien, claridad absoluta, rotundidad (sin vientos, eso sí) donde hacía falta y transparencia, suavidad y nitidez en casi todo. Sin embargo la interpretación esforzada de la estonia y las huestes asturianas no consiguieron hacer remontar el vuelo y que uno no se entretuviese contando los pelos de la barba de Paco Revert (3.276).

¿Mereció la pena perderse el partido? En parte. Buen, muy buen, concierto de Elgar, peña insoportable la obra de Pärt. Concierto 1 – 1 Snooker.

Vistos los dos últimos conciertos, sitúo a la bella estona en primera posición, con un cuerpo de ventaja sobre el segundo clasificado, Paul el sonriente. Eso sí, espero que si Anu Tali decide reivindicar el repertorio báltico, que se deje de coñazos tipo Arvo Pärt y nos ofrezca cosas, aún siendo “raras” como las sinfonías de Ture Rangström que son una gozada.

Un saludo a todos.

Hans.