Hoy nos volvemos hacia el ámbito alemán para reivindicar la figura de un tenor que, pese a su nombre, no era alemán: Joseph Schmidt.

Joseph Schmidt nació en Davideny, aldea cercana a Boekinova (a la que pertenece en la actualidad), Rumanía, el 4 de marzo de 1904, fue el más joven de los tres hijos de Sarah y Wolf Schmidt (las mayores se llamaban Regina y Betty).

Al comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918) se trasladó con su familia a Czernowitz, donde demostró su enorme capacidad para los idomas ya que aprendió sin dificultad el alemán, idioma que hablaba en la escuela, mientras en casa hablaba rumano y en el templo (pues era judío), hebreo. Hasta los veinte años cantó como miembro del coro de su sinagoga. Es entonces cuando, con oposición de su padre y apoyo de su madre (como en todos los casos), decide dedicarse a la música de manera profesional. En 1924 debutó en un concierto como solista cantando, junto a canciones judías y populares, arias de Puccini, Verdi, Bizet, Leoncavallo y Rossini. Tras ello se traslada a estudiar canto a Berlín, donde conoce a Leo Engel, que se convierte en su primer empresario.

Gracias a la intervención se su maestro, Hermann Weissenborn, accede al Conservatorio de la capital prusiana. Su actividad musical no se ve interrumpida siquiera en 1924 al tener que hacer el servicio militar, donde es destinado a su localidad, dentro de la banda de música. Tras concluir su período militar, es contratado como cantor en la Sinagoga de Czernowitz, pero regresa a Berlín en 1929 para intentar cimentar su carrera profesional.

Sin embargo se encuentra con un impedimento para poder hacer carrera dentro del teatro musical: su baja estatura (mide 1’50 m.) lo que como comentaba alguien, no le impedía cantar arias en solitario, pero resultaba extraño en los dúos amorosos con sopranos que le sacaban 20 cm. Si embargo la suerte no le fue esquiva ya que los años 20 son los años de la radio. Así pues, en las ondas cimentó su carrera. Su debut radiofónico tiene lugar el 29 de marzo de 1929 como Vasco da Gama en La Africana de Meyerbeer. Más tarde haría las partes de Hans en  La novia vendida de Smetana o Lionel en Martha de von Flotow. En los años siguientes, y hasta 1933, hizo no menos de 37 papeles para la radio, entre los que debemos desacar obras de Adam (Le Postillon de Lonjumeau), Auber (La Muette de Portici) , Berlioz (Benvenutto Cellini), Charpentier (Louise), Meyerbeer (Dinorah, El Profeta), Mozart (Idomeneo, Die Zauberflöte), Offenbach (Los cuentos de Hoffmann), Rossini (El barbero de Sevilla, Guillermo Tell, Semiramide) y Verdi (Rigoletto, La Traviata, Il Trovatore, Un Ballo in Maschera, Don Carlos, I Vespri Siciliani).

Por otra parte, en 1931 debuta en el cine con un pequeño papel en Liebexpress de Robert Wiene. Tras ella empezó a actuar en películas especialmente pensadas para él, entre las que destaca Ein Lied geht um die Welt de Richard Oswald, de 1933, o Wenn du jung bist, gehört dir die Welt‘ (1934), ‘Ein Stern fallt vom Himmel’ (1934) y ‘Heut’ ist der schönste Tag in meinem Leben’ (1936) (Todas rodadas en Austria). Tras la ocupación alemana de Austria, se dedicó a hacer giras por Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Cuba y Méjico. A partir de 1937 se dedicó a hacer giras por Francia, Holanda y Bélgica.

Cuando Francia cayó en manos alemanas, se trasladó a Suiza, donde, pese a tener pasaporte y visado estadounidense, fue acusado de ser inmigrante ilegal y fue entregado a las autoridades alemanas (recordemos que Schmidt era Judío). Fue internado en el campo de Gierenbard, cerca de Hindiwhill, donde falleció el 16 de noviembre de 1942, a los 38 años.

Sus restos descansan en el cementerio de Fiezenberg, cerca de Zúrich.

Y, ahora, escuchémoslo.