Hoy quisiera escribir sobre, posiblemente, la cantante (o cantanta, vaya usted a saber) más injustamente olvidada de la historia: Antonietta Stella. Atrapada entre las las dos grandes diosas canoras del siglo XX, Renata Tebaldi y Maria Callas, pasó sin pena ni gloria por los escenarios de medio mundo, a pesar de poseer uno de los registros más bellos que se puedan recordar.

Maria Antonietta Stella nació en Peruggia el 15 de marzo de 1929. Cursó estudios musicales en la academia de su ciudad natal y en la Academia Nacional de Santa Cecilia en Roma.

 

Su debut escénico lo tuvo en 1951 en la Ciudad Eterna cantando Leonora en La Forza del Destino junto a Mario del Monaco (casi na’). Ese mismo año debutó en diversas ciudades alemanas (Sttutgart, Wiesbaden, Múnich) e italianas (Florencia, Nápoles, Roma, Catania, Florencia, Turín y Peruggia).

Su debut scalígero lo hizo junto a Del Monaco en la temporada 1953/54 como Desdémona en el verdiano Otello. También debutó ese año en la Arena de Verona. En 1955 canta en el Covent Garden como Aida y en el 56, en el mismo papel junto a Carlo Bergonzi, conquista Nueva York y su ópera Metropolitana.

En 1960, por motivos de salud, abandonó la temporada de la Met, aunque cantó una semana más tarde en La Scala, eso hizo que el teatro neoyorkino interpusiera una demanda contra ella y fue vetada en E.E.U.U. durante dos años.

En 1963 dejó de cantar en Milán al retirarse de una producción de La Fanciulla del West por problemas con Franco Corelli (con el que no era nada fácil trabajar, sino que le pregunten a Boris Christoff. Algún día hablaremos de cómo las gastaba el tenor).

Se retiró en 1975.

Ahora escuchémosla en su gran especialidad: Verdi.

Amor sull’ale y Miserere (que reconocerán de Una noche en la Ópera) de Il Trovatore con Carlo Bergonzi.

En Aida con Franco Corelli (aunque Vittorio Gui, el director, está bastante desatado y los barre a todos):

y con Tullio Serafin en Il Trovatore (ojo a la cavattina, a partir de 4:46):

y con Ettore Bastianini dirigidos por Tullio Serafin. Confieso que me hubiese gustado ser barítono para poder cantar este dúo.