Semana movida esta que nos traemos (y eso que no pudimos asistir a los dos últimos conciertos de la OSPA). El Viernes 11 acudimos al concierto ruso de la Sinfónica de Bilbao y el domingo 13 al concierto de la Sinfónica de Gijón dedicado a la Entartete Musik.

Así pues comencemos por el principio.

El viernes, como decíamos, recibimos la visita de la Bilbao Orkestra Sinfonikoa, con un programa dedicado a Rusia.

En primer lugar me entretendré un poco hablando de la colocación orquestal. Los asiduos a la OSPA sabrán que la orquesta coloca sus cuerdas de la siguiente manera (de derecha a izquierda): Violines I y II, Violonchelos (centro), violas y contrabajos (tras las violas). Estas mismas atentas personas se fijarían en que los visitantes se colocaron de la siguiente manera: Violines I y II, Violas (centro), violonchelos y contrabajos (tras estos). Esta colocación es mucho más lógica que la anterior. Me explico. Violines, violas, etc. tienen una caja de resonancia con unas cosas llamadas efes (en organología se llama a eso Oído Tornavoz) que es por donde, una vez almpliado el sononido de las cuerdas en la caja de resonancia, sale el sonido (si hablásemos de la voz, el pecho, los senos nasales, frontales, etc… serían la caja de resonancia y la boca el oído tornavoz). Si partimos del hecho de que el violonchelo tiene un sonido mucho más rotundo que la viola, si ponemos a los primeros con sus F hacia el público  y a la violas con las suyas hacia la orquesta, el sonido de la viola quedará completamente apagado. Si ponemos a las violas en el centro y a los chelos a la izquierda, las violas se oirán por la orientación de sus f y los chelos se oirán  por su mayor tamaño de sonido (a parte de que sus f miran hacia el director y no hacia los vientos). Primer acierto, pues, de los vascos.

Primero nos sirvieron el precioso preludio de Khovanshichina, eso sí, en la orquestación de Shostakovich. Nada diré de esta obra pues sobre ella todo está dicho y sobre la interpretación se repitirá lo mismo en las tres obras.

Tras la obra de Modest llegó una obra tremenda: El Concierto para piano de Alfred Schnittke, otro ruso. Obra esta, extraña donde las haya. Si me juran que la orquesta se equivocó y tocaron una obra distinta a la que tocaba la pianista, me lo hubiese creído (ahora no porque escuché la grabación del concierto por la Orquesta de Cámara de Omsk), también me lo hubise creído si me dicen que la mano derecha e izquerda de la solista tocaba obras distintas. Esta obra es fuertemente tonal y utiliza ampliamente los fundamentos del serialismo que Schnittke estudió a partir de los años cincuenta (el concierto es de 1960).

Sin embargo nos pudimos fijar en algunos detalles curiosos dentro de la orquesta, com que los trinos del primer violonchelo eran mucho más rápidos que los del resto de su sección.

La pianista ofreció una propina no identificada.

Con esto llegamos al final de la primera parte.

Diremos como dato que el público se comportó magníficamente y no aplaudió hasta que el director no bajó los brazos.

En la segunda llegó el plato fuerte, la sinfonía nº 5 de Tchaikovsky.

Sencillamente impactante. Günter Neuhold domostró tener un gusto magnífico por la cuerda grave que fue rotunda y tremenda. Las Maderas estuvieron magistrales y los metales y percusión sobresalientes. Me resultó llamativo, e interesante, la capacidad del germano para pner de relieve detalles que uno normalmente no escucha y que sólo conoce por haber leído la partitura. También fue interesante, y de buen gusto, el que hecho de Neuhold hiciese que la sección de trompas levantase sus instrumentos al final de la sinfoníam dándole así mucha más rotundidad al sonido. Simplemente sobresaliente.

La nota negativa se la daré, como no, al público (y ojo, hoy no es un suspenso). Tiene el público ovetense la mala costumbre de aplaudir antes de que el director baje los brazos y dé por conclida la obra. Eso se puso de manifiesto de la manera más escandalosa Tchaikovsky con el final de su sinfonía. Porque es un final que no es final. Los que conocen la obra entenderán lo que digo, los que no, fíjense en esta grabación de Dutoit, a partir del minuto 6, ahí empezó gente a aplaudir. Por suerte no gritaron ningún bravo, aunque yo me quedé con ganas de hacerlo tras el primer movimiento:

Si esperasen a que el director de por terminada la interpretación eso no pasaría. Y lo peor del asunto es que el hecho en cuestión venía advertido el el programa (por cierto, no sé trajeron los programas los bilbaínos o cambiaron a quien los hacía. Magnífico programa el que pudimos leer, felicito al autor, sea quien sea).

Ahora vayamos al domingo: Entartete Musik.

El programa se abrió con la preciosa Amor und Psique de Hindemith. Para entrar en calor no estuvo mal. Después vino el estreno nacional de Doble concierto para Flauta, Piano y Orquesta de Erwin Schulhoff. En ella interpretó la parte del piano Maria Prinz, y la flauta Dieter Flury (segundo flauta de los Wiener Philharmoniker). A decir verdad fue un concierto muy interesante, mucho más comprensible que el de Schnittke que comentábamos antes. Me llamó la atención la rotundidad y calidad del sonido de la flauta, que normalmente no suena tanto.

Ofrecieron una pequeña propina, esta vez sí anunciada, y en español, por Dietmar Flury: “Erwin Schulhoff, también, Aria” la muy bella aria para flauta y piano de Schulhoff.

Lo mejor, eso sí, estaba por llegar. La segunda parte fue una fiesta para los oídos y la vista con la bella Felicidad Farag que, acompañada por el siempre magistral Óliver Díaz, nos sirvió una selección de canciones de Kurt Weill, Erich Wolfgang Korngold y Frederick Holländer que fueron ligadas por un buen programa a cargo de Pachi Poncela.

Es cierto que la voz estaba amplificada, y que ella tuvo algunos problemas en el agudo, pero ¿qué más da ante la encantadora atmósfera que lograron crear? Fue como estar en los años 20 – 30, siendo testigos lejanos de la historia.

Les dejo para su deleite (o no) dos piezas de Música degenerada:

Primero Moritat von Mackie Messer (Balada de Miguel Puñal) en la voz de Lotte Lenya:

y la preciosísima Youkali en la no menos preciosa voz de Teresa Stratas:

Y la versión de esa grande llamada Brigitte Fassbaender: