A Tania, por su ayuda, y Elsa, por su interesante conversación. De ambas aprendo mucho en cada encuentro.

¡De la tierra al cielo…

El pasado viernes día 1, tuvimos ocasión de acudir al británico concierto de la Ospa. En el programa, Rondó de Abdelazer y Chacona en sol menor de Purcell, ambas en las edición de Britten. El concierto para piano nº 2 de Prokofiev (ya sé que no es muy isleño, pero bueno…) y los Cuatro interludios marinos de Peter Grimes y la Guia de Orquesta para jóvenes, ambas de Britten. Programa más que interesante.

El director, Rumon Gamba, hace su entrada y comienza Purcell. Ambas interpretaciones sin vida, aburridas y anodinas. ¿Para qué utilizar la edición Britten (con cuerda completa) si va a sonar como un cuarteto? Esto ya nos hizo ponernos en guardia. Eso sí, la idea de empezar la noche con la obra en que se basa la última me pareció muy buena.

Comienza la obra grande de la primera parte. Hace su entrada el pianista, Alexander Melnikov (como dato interesante, el programa señala que “Melnikov tiene estrecha amistad con Sviatoslav Richter, quien regularmente le invita a participar en sus festivales en Moscú (las noches de Diciembre), y en su festival de música de cámara en Grange du Meslay (Tours, Francia)”. Esto tiene un mérito grandioso, ya que Richter murió en 1997).  A parte de esto, la interpretación del concierto me pareció correcta, sin más.   Como refutación a lo que acabo de decir, gente más preparada que yo, como Tania Guefalt, me comentó después lo mucho que la había impresionado la interpretación. También escuché un comentario de alguien del público que no puedo dejar de reproducir: “¡Vaya pepino de andantino!”

Como propina el pianista nos ofreció “una obra dle mismo compositor pero más cortita” Fue la Visión Fugitiva op. 22 nº 10 (desde aquí mi agradecimiento a Tania por la información). Aquí sí debo reconocer que me gustó mucho.

Con esto pasamos a la segunda parte del concierto: Britten. Los preciosisisisisisísimos Interludios comenzaron bien, pero fueron ganando en intensidad hasta situar la interpretación en un notable más que alto. En ese momento hubo una explosión dentro de la orquesta y el director. ¡Qué pedazo de interpretación de la Guía! ¡Increíble! ¡Si no conociese a la mitad de la orquesta hubiese jurado que no era la OSPA! ¡Qué gama dinámica! ¡Qué equilibro entre familias! ¡Qué pedazo de percusión! AL finalizar la interpretación, si me pinchan no sangro. Aún estoy alucinando. Como regalo, Mister Gamba nos ofreció, de nuevo, la fuga final de la Guía. La verdad es que me resultó ofensivo. ¡Hombre! ¡Repítela entera! ¡Tres, cuatro, seis, cien veces! ¡No me hubiera cansado de escucharla! Pero todo lo bueno tiene un fin.

De momento pongo a Gamba en cabeza, junto a Tali, en la carrera sucesoria.

… y Hostión!

Y hoy viernes escuchamos el concierto dirigido por un ovetense: Nacho de Paz. Programa rarito. Debussy: Danza – Tarantela de Estiria, Danzas concertantes para guitarra y orquesta de Roberto Sierra y El Pájaro de Fuego de Stravinsky.

Agua. No perderé mucho tiempo en comentar este concierto, ni haré que ustedes pierdan el suyo leyendo mis comentarios. Aburrido, soso, sin vida. Esa es la valoración general.

Debussy, era una tarantela. Las Tarantelle están llenas de vida, de energía, de fuerza… Aquí no hubo nada de nada.

Las danzas concertantes. Mucho más interesante lo que hacía la orquesta que lo que hacía el guitarrista, Manuel Barrueco. Por poner en ejemplo, Expresivo e intenso (segunda danza) podría haberse titulado Soñoliento. El Vals (tercera), Sueño a ritmo caribeño. Y así todo.

El bueno del gutarrista nos ofreció una propina, que anunció con corrección, pero no entendí.

Segunda parte, Stravinsky. Remitase el lector para su consulta a lo anteriormente escrito.

Y ahora, cual censor en Roma, me toca poner la nota de infamia. ¡Público ovetense, entre el que debo incluirme! ¡La sensación que dejan al oyente, y perdón por mi mal lenguaje, es que son ustedes una camada de sinvergüenzas y mal educados! Ya sé que no todos,  pero… Como dice nuestro director de coro, Emilio, “Si uno sólo no se sabe la obra, no se la sabe el coro”. Aquí pasa igual. ¡Cómo se puede tener la desvergüenza, la caradura, el morro… de ponerse a abrir un caramelo a los escasos viente segundos de empezar la segunda parte. ¡Tío, has tenido todo el descanso para abrir una tonelada! ¡Móviles! ¡Por todos los dioses! ¡Apágenlos! ¡Dos! Two! Due! Zwei! Deux! sonaron durante el Pájaro de Fuego. ¡Toses! Decía Arthur Rubinstein que “en todo el planeta la gente con gripe va al hospital, en Tel- Aviv van a mis conciertos” En Oviedo pasa igual.  Supongamos que nosotros como público no merezcamos ninguna clase de respeto. Supongamos que los profesionales que se suben al escenario, lo hagan mejor o peor, no son merecedores de ninguna clase de respeto. ¡Pero Stravinsky, por muy mal que nos pueda caer, sí se lo ha ganado! ¡Respétenlo!

Lamento ponerme así, pero como aficionado a la música siento que me insultan con cada caramelo, tos y toque de móvil. Como músico siento una rabia indefinible por el desprecio hacia mi trabajo. Es como ir al taller de un pintor y, con un boli bic, ponerse a pintar los lienzos según los va creando. La música es una creación SONORA momentanea. No destrocen así una obra de arte. La música es una religión, no acudan al templo como ateos. Respeten a los que somos fervientes creyentes. Si no le gusta lo que hacen márchense, pero no molesten. Hoy sentí ganas de acudir al próximo concierto con mi Glock. ¿Toses? ¡Tiro a la rótula! ¿Caramelo? ¡Disparo entre el Piramidal Triquetral y el Pisiforme! ¿Móvil? ¡Te vuelo ambos carpos y a otra cosa! ¡Manolo! ¡Saca MG que nos vamos al concierto!

Ahora en serio, por favor, comportense.

Hans.