A San Faustino Reguero, bueno, mártir y damnificado.

El pasado viernes 15, asistimos al concierto Extraordinario, que de extraordinario tuvo más bien poco, pero eso lo entraremos a tratar en unos instantes. Ahora, toca lo siguiente. Así como nuestro dedo acusador no tiene reparos en introducirse en la llaga y llamar sinvergüenza al público cuando así se comporta, ayer, hay que reconocerlo, tuvo un comportamiento ejemplar y así lo hago constar. Pocas, poquísimas toses, un único caramelo en las cercanías y  dos durmientes, que, al no roncar, no molestaban. Especialmente emocionante fue el hecho de que dejasen terminar a Valdés de dirigir. ¡Bravo!

Ahora pasemos a la música. Lo primero que nos llamó la atención al entrar en la sala fue la colocación de los violonchelos, a la derecha del director. Ya hemos explicado que, desde nuestro punto de vista, esa es la colocación más correcta. Si desean refrescar la memoria, acudan a la crítica del concierto de la Sinfónica de Bilbao. También apreciamos que no había ni contrafagot, ni órgano. Es cierto que son Ad Libitum pero, especialmente el órgano, ayuda a darle otro empaque, otra dimensión. Lo que ya nonos parece admisible, desde ningún punto de vista, es la presencia de un arpa. Me explico. Si tomamos la plantilla orquestal (yo he consultado la edición Dover (1987), que es una reedición de la hecha por Eusebius Mandyczewsly para Breitkopf und Härtel en 1927, la edición publicada en Winthenthur por Reiter Biedermann en 1868, que es la primera edición de la obra, y la de Ernst Eulenburg (1927), todas ellas localizables (excepto la Dover) en internet) nos encontraremos con lo siguiente:

Kleine Flöte, 2 Flöten, 2 Oboen, 2 Klarinetten, 2 Fagotte, Kontrafagott ad libitum; 4 Hörner, 2 Trompeten. 3 Posaunen, Tuba; 3 Timpani, Violine I und II, Bratschen, Violoncell, Kontrabass, Harfe (wenigstens doppelt besetzt); Orgel Ad Libitum. En negrita dejo lo de Arpa, Al menos DOS. Sinceramente creo que, si no vas a poder incluir las especificaciones mínimas de Brahms, es mejor que no te enfrentes a esta obra. No voy a negar que, si bien me lo esperaba, no por ello dejó de decepcionarme.

Tras esta observación hizo su entrada el coro. Como es constumbre por estos lares, las voces femeninas se situaron ante las masculinas lo que, para mí, es un error. Si situas a una familia siempre delante es lógico y normal, que el resto quede tapado por ella. Así, desde mi punto de vista los coros debería situarse como los solistas, es decir, de izquiera a derecha, sopranos, contraltos, tenores y bajos. Por bloques y no en filas.

Ahora pasemos a la interpretación.

Empecemos con los solistas. El Barítono Klaus Häger estuvo notable. Comenzó con alguna tirantez en el agudo (el fa de “und ich davon muss“, pero se recuperó y nos ofreció un muy interesante sexto número (Denn wir haben hie keine bleibende Statt). La soporano, María Espada, hizo de su pequeña parte una auténtica creación. Es cierto que su número no es difícil, pero, precisamente por ello, no tiene dónde lucirse, sin embargo nos ofreció casi diez monitos de auténtico canto sibarita, sólo recomendable para unos pocos conocedores del arte canoro. Recuerdo una frase del gran Alfredo Kraus (del que la soprano extremeña fue alumna) en la que decía que “tenemos que cantar bien, aunque sólo un diez por ciento del público puedan comprender y valorar el buen canto, debemos cantar para ese diez por ciento”.  Además de cantar muy muy bien su parte, musicalmente hablando, fue muy remarcable la dicción, un alemán perfecto, como pocos se pueden escuchar.

Ahora pasemos al elemento de más peso de la obra: El coro.  En líneas generales me parece que este coro está un poco descompensado. Demasiadas voces blancas, aunque esa sensación también puede ser debido a la colocación a la que nos referíamos antes. Estuvieron bien el el primer número, especialmente los tenores en aquello de  werden mit Freuden ernten (compases 55 – 56) y en kommen mit Freuden mit Freuden (compases 88 – 89). Sin embargo las notas más agudas (las y si bemoles) más que emitidas me resultaron gritadas. Por su parte los bajos tuvieron problemas en las notas más graves (mi) a las que apenas llegaban. Por otra parte, volviendo a hablar en general del coro, hubo pequeños desajustes. Quizá el más notorio fuese al comienzo del tercer número (Herr, lehre doch mcih), compás 24 (dass ein Ende mir mir haben muss ) pasaje en el que las trompetas y trompas hacen fa- fa -re, teniendo que coincidir el Muss del coro (re-la-re-re, de bajos a sopranos) con el de los metales, pero llegó más tarde. Por otra parte, y para concluir con el coro, su dicción me resultó francamente lamentable. No sé con quién habrán trabajado el alemán, pero deberían reclamarle el dinero.  No dienron una. Las consonantes finales estorbaban, los distintos tipos de e (ä,e,ö y la e tóncia que es una e cerrada) todas iguales… Ese alemán fue horripendo y haría panicar a cualquier conocedor de la lengua de Goethe (o era /géte/).

Por su parte, la orquesta estuvo correcta sin más, y sin Max quizá hubiese estado mejor. Alguna bofetada suelta de las trompas (no es ninguna crítica, no conozco a ningua orquesta cuyas trompas lo hagan bien, desde los Wiener Philharmoniker hasta la banda de mi pueblo, todas las trompas las cagan. Como decía Karl Böhm “si las trompas no desafinan, no duermen tranquilas).

Y ahora pasemos a la visión general de Max.

Horrible es el calificativo. La mayor grandeza y la más grande dificultad de esta obra es la variedad dinámica (algo de lo que el chileno no ha oído hablar jamás). Brahms pinta un cuadro con colores muy muy tenues, utiliza una gama de pianos que dan miendo, sacando partes del primer plano y metiendo otras. Voy a poner un ejemplo, he abierto mi edición por la página 13 (una al azar), compases 89 – 93. Vemos las flautas, oboes, fagoters y trompas en mezzo – forte, dos primeras trompetas en piano y tercera en mezzo  – forte, arpa en forte y crescendo, coro en forte, violas en mezzo – forte y crescendo, primeros y segundos violonchelos en mezzo – forte y crescendo, terceros y contrabajos en forte. De eso Max no transmitió nada, parecía que en vez de una gama dinánica tuviese un interruptor. Fuerte – suave. Fue todo lo que hizo. Por otra parte sus tempi me parecieron rápidos en exceso. Mi edición, y la mayoría, no tiene marcas metronómicas, pero la primera edición sí las tenía. No he podido hacer la prueba con un metrónomo, pero creo que iban muy rápido. En genral, una visión aburrida. Escuchando esta obra tienes que tener ganas de rezar. como dijo Beethoven, “Cuando escuchas un vals te entran ganas de bailar;  cuando escuchas una misa, de rezar y cuando escuchas una marcha, de desfilar, ahí está la grandeza de la música”. Aquí entraban ganas de escuchar otra cosa.

En líneas generales fue una interpretación rutinaria. Max sencillamente uenit, pecuniam accepit, abiit.

Notas finales:

Soprano: 9

Barítono: 8’7

Coro: 6

Orquesta: 6

Director: 3

Nota general: 5

Un saludo.

Hans.

P.S. A las personas que redactan el programa. Pero favos, ¡fíjense en lo que escriben! que no se vean errores tan gordos como “Orchestra Filharmonica della Scalla” y alguna más de ese calibre que ahora no recuerdo y que hacen daño a la vista.