Lo dicho, hoy pudimos asistir a una de las mejores interpretaciones que se recuerden del concierto para tos y caramelo. Lástima que un desaprensivo, ya identificado por las autoridades, lo estropease cantando con un pianista. Su nombre se ha dado a conocer: Thomas Hampson. Actitudes como la de este sujeto ensombrecen el buen nombre de la música. ¿Cómo se puede poner uno a “cantar” Im Mitternacht en medio de esas deliciosas melodías para tos, con sus bellas modulaciones y sus repentinos solos de caramelo?

Ahora en serio.

Efectivamente, este ha sido, con toda probabilidad, el mejor concierto al que un servidor ha asistido en su vida. Quizá sólo comparable a uno, años ha, en el que Marc – André Hamelin nos interpretó el concierto para piano nº 27 de Mozart. Concierto que no conocíamos y que no hemos vuelto a escuchar por miedo a perder esa sensación. Una sensación igual a la que se siente en el estómago cuando uno se columpia con fuerza.

Algo parecido, a otro nivel, nos hizo sentir hoy Hampson.

Poco puedo decir cuando fue perfección tras perfección. Simplemente indicar que el programa incluyó cinco canciones juveniles de Mahler (Frülingsmorgen, Ablösing im Sommer, Rheinlengedchen, Ich ging mit Lust einen grünen Wald y Erinnerung), las siguienrion los Kindertotenlieder. Y en la segunda parte fueron los Lieder eines fahrende Gesellen y los Lieder nach Texten von Friedrich Rückert” con Ich bin der Welt abhanden gekommen al final. Mi acompañante opina que es mejor situar Um Mitternacht al final porque se presta más al aplauso, sin embargo yo también pondría Ich bin der Welt al final pues, creo, da ese toque final de recogimiento total que no tiene Im Mitternacht.

También cabe indicar que el Barítono norteamericano nos agradeció el haber aguantado completo un recital “Tan difícil e inusual”(en sus propias palabras) como el que nos brindó. ¿Difícil? ¡Fueron los 90 minutos más cortos de mi vida! Por suerte nos ofreció dos propinas. El lied que no se suele interpretar de los Rückert: Liebst du um Schönheit. Y después otro de Mahler, esta vez juvenil: Scheiden und Meiden.

Sin embargo sí hubo un detalle que me resultó molesto. Hampson dijo, cuando nos agradeció haber aguantado el concierto y nos explicó de que iba Liebst du um Schönheit, que sabía todas las canciones de Mahler de memoria. Perfecto. ¿Cómo es que ya he llegado a casa? ¡Cántalas!

Pero no sólo Hampson estuvo tremendo, el pianista Wolfram Rieger estuvo a su altura.

El que no lo estuvo fue el público. Lamentable. Bochornoso. De vergüenza ajena. ¿Por qué van a estos conciertos si saben que no les van a gustar? Y si le gustó ¿tanto cuesta esperar para aplauidir? ¡Si el pianista deja las manos sobre el teclado no es porque esté más cómo así!

Como bien dijo mi acompañante: Este público no se merece un concierto así. ¡Si cuando cantó Scheiden und Meiden medio público estaba en la puerta saliendo!

Por suerte, la pareja sentada frente a nosotros era una entusiata del Lied y, como si de un concierto de los Rolling se tratase, cuando anucnió Libst du um Schönheit la mujer comenzó casi a gritar. ¡Bien! ¡Bien! ¡Más Mahler!

Nosotros nos sumamos a esta pareja en su grito de ¡Más Mahler!

Hans.

P.S. Les dejo Scheiden und Meiden por Hampson y Rieger.