El pasado 25 de Julio se inició el Festival sagrado de la colina verde. El Festival de Bayreuth. Las obras que se representan este año son Holandés Errante, Tannhäuser, Tristán, Lohengrin y Parsifal. Ni rastro, por segundo año consecutivo, del Anillo.

Nosotros nos basaremos, para nuestra crítica, en las retransmisiones radiofónicas que, por suerte, hacen que no veamos la puesta en escena.

El Holandés Errante.
Daland: Franz Joseph Selig

Senta: Adrianne Pieczonka

Erik: Michael König

Mary: Christa Mayer

Steuermann: Benjamin Bruns

Holländer: Samuel Youn
Coro y orquesta del Festival de Bayreuth

Christian Thielemann.

Este Holandés se abrió, como viene siendo habitual, ya sea por una cosa u otra, con polémica. En este caso, la sustitución de Evgeny Nikitin como Holandés por Samuel Youn. La sustición fue debida a problemas “políticos”. El señor Nikitin llevaba, cuando era joven y batería de un grupo de Heavy Metal, una esvástica tatuada en el pecho. Y que esta pueda ser vista, pese a haber sido tapada por otros tatuajes, es la razón de su expulsión del festival.
Dicho esto, sigamos. El sustituto de Nikitin, como se ha podido ver al comienzo de esta reseña, fue el coreano Samuel Youn. Resultó un Holandés del montón, con graves engolado, zona media inexistente y agudo pálidos. Tanto fue así, que en dúo con Daland del final del primer acto, parecía un dúo para bajo y tenor. Desde luego, el marino naufragó en la tesitura híbrida del protagonista. Por las noticias que me llegan, él mismo fue consciente de no haberlo hecho demasiado bien (también es cierto que no tuvo demasiado tiempo para prepararse, aunque sin llegar a los excesos de Windgassen en La Valquiria de 1956, cuando cuando tuvo que viajar en tiempo record al Festival apra sustituir in extremis a Vinay, tanto que la ópera comenzó cuando él aún estaba maquillándose), decíamos que fue consciente no no haber estado especialmente bien puesto que cuando salió a saludar, recibió los aplausos de rodillas, en agradecimiento a la comprensión de público. También podemos decir en su descargo, que nunca había pasado de ser secundario en Bayreuth (su papel más importante en el Festival había sido El Heraldo del Rey en Lohengrin) y dar el salto a ser el protagonista de la función inaugural no debe ser sencillo.

Por su parte, nuestra Senta, Adrianne Pieczonka… no sé qué pensar. Tiene una voz demasiado clara para el papel. Es más adecuada a papeles como Zerlina o Sussana que para Senta. Parece más una muchacha de megillas sonrosadas (aunque por edad lo sea, pues ella misma le dice a Erik “Soy una muchacha y no sé lo que canto”) que una mujer de profundos sentimientos y convicciones como es Senta.

Sin embargo, Senta y Holandés, pese a sus limitaciones, protagonizaron el mejor momento de la noche, el dúo del acto segundo, desde Versank ich jetzt in wunderbares Träumen hasta el un poco meno sostenuto que comienza las palabras del Holandés Wirst du des Vaters Wahl nicht schelten? También hemos de decir que ambos fueron a más durante la noche.

Erik fue Michael König, que comenzó frío y gritón, tanto que esperaba con auténtico temor su cavatina Willst jenes Tangs du nicht mehr dich entsinnen. Sin embargo también fue creciendo y salvó su papel con convicción. Si no hizo recordar a gente como Windgassen, sí que estuvo a la altura de otros Erik como Josef Traxel (Bayreuth 1956).

Franz Joseph Selig hacía con este Daland su debut en Bayreuth. Selig, al que hemos podido escuchar como impresionante Amfortas en Parsifal con Janowski hace unos meses en Berlín, o en sendas Missa Sollemnis de Beethoven con Welser – Möst y Thielemann o el la novena del mismo compositor con Jansons, y pot el que sentimos  cierta debilidad, estuvo absolutamente sobresaliente, con una voz maravillosa durante toda la función. Nada podemos añadir. Simplemente estuvo soberbio.

Para mí, la sorpresa de la noche, y de quien no he leído nada, fue Benjamin Bruns. Una voz realmente bella para el timonel. Fue una muy grata sorpresa, todo lo contrario que Chista Meyer. No comprendemos la decisión de poner a una soprano en el papel de una mezzo. Mary perdió por completo el empaque y parecía más una amiga de las hilanderas que la señora que las vigila.

Por su parte el coro estuvo realmente sensacional, no teniendo que envidiar para nada a los mejores coros les planeta.
La orquesta estuvo brillante, y Christian Thielemann, que no es un director que me guste, hizo una recración maravillosa de principio a fin. Logró una claridad de texturas digna de Janowski sin perder la contundencia cuando era necesaria. Podemos, y debemos, destacar el final de la obertura y el interludio del acrto II al III, coro incluido. Por poner algo en el lado negativo, diremos que en ocasiones se pasó con el volumen y dificultaba la escucha de los cantantes. Por lo demás, simplemente fue brillante.

Daland Franz-Josef Selig
Senta Adrianne Pieczonka
Erik Michael König
Mary Christa Mayer
Der Steuermann Benjamin Bruns
Der Holländer Samuel Youn