Ayer dio comienzo la temporada de la OSPA, con su nuevo director titular: Rossen Milanov.  Podríamos decir, en un alarde de frikismo lingüístico, que el programa fue una Ringkomposition. Se abrió con el Capricho Español de Rimsky – Korsakov y se cerró con Iberia de Debussy. En medio, dos obras para piano y orquesta. El temible Primer Concierto para piano de Prokofiev y la Fantasía para piano y orquesta del propio Debussy.

Quizá sea achacable a las vacaciones, o a cualquier otra cosa, pero tengo la sensación de que la orquesta empezó fría y pelín desajustada. Creo que hemos dado un paso hacia atrás respecto a lo que se logró la pasada campaña. Aunque las intervenciones solistas de las maderas fueron realmente buenas, volvieron a verse aplasatadas en los tutti por la sección de cuerda, cosa esta que el año pasado parecía arreglada.

Por su parte, las intervenciones solistas del primer violín y del primer violonchelo rozaron lo francamente lamentable. Y ello  tuvo su eco en el descanso, donde hubo asistentes que afirmaron que el primer violín ya estaba “un poco gagá” y que era necesario que se retirase.
En la sección de metales, lo más destacado (esta vez para bien) fueron las trompas, que estuvieron soberbias, sin pifias apreciables (cosa que es todo un logro para cualquier sección de trompas del mundo). Lo más destacable en el lado negativo en los bronces fueron las trompetas, poco finas y no todo lo precisas que era deseable en ciertos pasajes del Capricho y el comienzo del tercer movimiento del concierto de Prokofiev.
Los percusionistas, por su parte, tuvieron una gran labor, siendo especialmente reseñable el entusiasmo del encargado del metalófono en el concierto de Prokofiev, que llegó a tapar al solita y a toda la orquesta, convirtiendo un concierto para piano en uno para su instrumento.
El pianista (Jean – Efflam Bavouzet) estuvo simplemente maravilloso en sus dos obras, especialmente en Prokofiev, tanto que casi se cae del asiento (literalmente) al terminar el concierto.
Como dato curioso, en el intermedio se ofreció una copa de vino a todo aquel que quisiese, por cuenta del nuevo patrocinador de la OSPA, las bodegas OSCA. Yo no bebo alcohol, así que no puedo comentar la calidad del caldo, pero sí que pude observar sus efectos. El encargado de llamar a los asistentes de nuevo a la sala al finalizar el descanso se debió dormir y no realizó su labor. Y el público estuvo bastante soporífero en la segnda parte.  Cuando ya Debussy no es el autor más animado del mundo, si encima el público está con sopor etílico, apaga y vámonos.

Y hablando del público, sobresaliente. Apenas un par de toses aisladas, un estornudo y nada más. Además, el auditorio estaba prácticamente lleno, cosa extraña de ver.

En el lado francamente bochornoso, señalaremos el programa de mano. Inexistente. Se nos ofreció una cuartilla de papel de color púrpura con las obras y los movimientos. Nada más. Si querías leer alguna nota, debías pagar dos euros. Y desde luego, pagar por un programa de mano que, a juzgar por su calidad en pasadas temporadas, es deleznable, no es de recibo.

También debemos señalar en este punto el cambio de normativa respecto a los retrasos. Antes, si llegabas tarde debías esperar al descanso para entrar. Ahora no, se permite la entrada entre obras, con el consiguiente ruido, trasiego y molestias para los que hemos llegado a tiempo.

El otro concierto al que hacemos referencia en el título es el emitido ayer (bendito internet que me permite grabar estos actos) por la Radio de Baviera, siendo el primer concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica de dicha entidad y que se celebró en la Herkulessaal.

El programa fue realmente sugestivo: El superviviente de Varsovia de Arnold Schönberg, Las metamorfosis sinfónicas para 23 instrumentos de cuerda de Richard Strauss y la Misa Nelson de Haydn. Todo ello bajo la dirección de Andris Nelsons.

La primera obra, como es bien sabido, es para coro, orquesta y narrador. El último fue el barítono Gerald Finley que también haría de bajo en la misa haydniana.

La interpretació, tanto del solista como de la orquesta y el coro, fue tan brutal, tan apabullante que aún tengo un nudo en el estómago. Tras el final, el público se quedó en completo silencio durante unos largos diez segundos. La atmósfera de ese silencio es de las más tensas que recuerdo (recordemos que comentamos una retransmisión rediofónica en estricto directo). Casi fue más acongojante ese silecio del público muniqués, que la propia obra.

Una interpretación realmente sobresaliente. Y puedo decir que es sobresaliente porque consiguió que realmente me encontrase mal. Impresionante.

Tras ello se nos brindaron Las Metamorfosis Sinfónicas de Strauss. Obra que personalmente no me entusiasma, pero que es favorita de algún buen amigo.

Poco, pues, podemos decir. Cristalina claridad la lograda por Nelsons y la orquesta bávara , tremenda la intervención de los tres contrabajos y, en doloroso contraste con lo ofrecido a la misma hora por la OSPA, apasionadas y apasionantes intervenciones de los solistas. Todo ello, por no mencionar la soberbia gama dinámica. Desde un pianísimo susurrante hasta un forte estruendoso.

Tras el descanso, se tocó la Misa Nelson o Missa in Angustiis Hob. XXII:11 Los solistas fueron

Soprano: Julia Kleiter

Mezzo soprano: Katija Dragojevic

Tenor: Mark Padmore

Bajo: Gerald Finley.

El coro estuvo maravilloso, con un latín más que audible (cosa rara en los coros alemanes, que tienden a decir cosas como Crido en vez de Credo).

El cuarteto solista estuvo más que bien, quizá un poco flojo al comienzo el barítono y simplemente normal el tenor, pero quedó compensado por la sobresaliente soprano que lidió con con su diabólica parte como si fuese lo más normal del mundo.

En la orquesta, magníficas las cuerdas (maravilloso el resurexit), muy bien las maderas y tremendas las trompetas y los timbales (por ejemplo en el Benedictus).

Sin embargo, lo mejor en líneas generales fue, otra vez, la dinámica. ¡Qué maravillosos los pianissimi del sub Pontio Pilato passus!

La dirección de Nelsons fue vibrante y enérgica. Aunque con alguna sorpresa (un bello e inesperado ritardando previo a la entrada de la soprano solista en el Kyrie, y alguno más por ahí; todo ello muy interesante y estimulante, pero ajeno a Haydn, aunque no por ello censurable).

En el lado negativo, sólo se me ocurre el hecho de que el coro estuviese sentado durante el Agnus Dei, con el consiguiente ruido al levantarse para el Dona Nobis Pacem.

Comentaba la pasada semana tras un ensayo, que suelo escuchar la Radio de Baviera. Me preguntaron por qué.  La razón es esta. Si este es el nivel normal de la vida musical en Múnich ¡yo quiero vivir allí!

Así pues, como balance final, a la OSPA le pondremos un bien, siendo generosos, y a los Bávaros les ha tocado un sobresaliente, pues nos da reparo poner Matrículas de Honor en el primer concierto de la temporada.