Nos disculpamos por la falta de noticias musicales de las dos últimas semanas.

El pasado día 5 nos perdimos el concierto de la Sinfónica de la Radio de Baviera en el que el español Pablo Heras Casado (que ya ha esado al frente de centurias como la Staatskapelle de Dresde o los Filarmóncos Berlineses) dirigió los Cuatro interludios marinos de Britten, la Sinfonía concertante para violín y viola KV 364 de Mozart y la Cuarta sinfonía de Robert Schumann; en sustitución, in extremis, de Yannick Nézet – Séguin, un muy joven y brillante director francés que ya ha asombrado a medio mundo.

Tampoco pudimos asistir al concierto de la OSPA de la pasada semana en la que se tocó la Sinfonía nº 9 de Beethoven. Un asistente al concierto de Gijón nos dijo que la visión de Milanov fue muy vigorisa, que los coros estuvieron ramplones y con poco sonido, y las trompas, desastrosas (con dos sonoras patadas en el segundo movimiento) El tenor, por su parte, hizo anunciar por megafonía que se encontraba griposo y que cantaría lo mejor que pudiese, cosa esta que me parece fatal. Si estás para cantar, canta, sino no lo estás, no lo hagas; pero no te arrastres.
LA pasada semana Kent Nagano dirigió en Baviera el Tutuguri de Rhim, que como no me interesaba lo más mínimo, no escuché.
Y aquí estamos de nuevo, tras escuchar el concierto de hoy de la Sinfónica de la Radio de Baviera, que suponía el debut, esta temporada, de su titular Mariss Jansons.

 

El concierto se abrió con una obra de Rodion Schtschedrin. Debemos decir que no conocemos a este hombre. Nunca lo hemos visto. Pero si este es su “Selbsporträt” (Autorretrato, variacioens para orquesta es el título de la obra), el señor debe ser muy feo.

Sirvió, eso sí, para el lucimiento de la orquesta y su director. Unas maderas lacerantes, unos metales contundentes y unas cuerdas sumamente refinadas (impresionante el pianísimo de las cuerdas al final, sirviendo de base para el pasaje de las flautas en el superagudo). Lo dicho, obra a la mayor gloria de Jansons y su orquesta, que también tienen derecho a demostrar lo buenos que son.

Le siguió una de la obras que más me han impresionado desde que la conozco: El concierto para piano nº 1 de Shostakovich (Concierto para piano y trompeta).  Los solistas fueron Yefrim Bronfman y Hannes Läubin (que, según leemos en el programa de mano, es el primer trompeta de la orquesta desde 1995 y profesor de trompeta en la Escuela Superior de Música de Múnich, desde 1996). Los dos estuvieron a un nivel sensacional, con una rítmica precisa y un sonido contundente.

La orquesta (sólo cuerda, como es preceptivo), estuvo correcta, limitándose a realizar su trabajo de la mejor manera posible: acompañando a los solistas sin competir en preeminencia con ellos.

Se interpretó una pequeña propina: el Rondo for Lifely de Bernstein.

Y tras el descanso, el plato fuerte de la noche: La Heroica de Beethoven.

Debemos decir, en primer lugar, que Jansons es, de la actualidad, mi director predilecto (seguido sin orden preciso por Manfred Honeck, Thomas Hengelbrock, Franz Welser – Möst y Marek Janoswki).

No es la primera vez que le escuchamos esta obra a Jansons  con esta orquesta (la anterior fue en 2009). Su visión ha evolucionado, sin duda, y esta es mucho más hercúlea que la anterior, pero así todo nos pareció extraña. En líneas generales la visión de Jansons de esta obra es un poco decepcionante. El final del primer movimiento fue, si se me permite la expresión, un poco “chof”. Ese pasaje tan impresionante en el que, después de pasarnos toda el movimiento escuchando “mi, sol, mi, si, mi, la, si, mi, re” las trompas gritan lo de ” Re, fa, re, sol, re, fa, si, si” en la octava aguda, quedó completamente tapado por el resto de la orquesta (cosa que, por ejemplo, hacía Scherchen, restándole mucho efecto al pasaje en cuestión). En  el lado positivo diremos que hace la repetición de la exposición, cosa que se agradece mucho.

La marcha fúnebre fue una marcha olímpica, en todos los sentidos. La llevó a una velocidad endiablada y los clímax hicieron plena justicia a la sala en la que se interpretaba (la Herkulessaal).

El Scherzo fue correcto sin llegar a decir nada novedoso o interesante (aunque ¡que bien tocan esas trompas!, nada que ver con las de la OSPA el año pasado).

Y ello, tras una larga pausa (aunque creo que queda mejor que los movimientos tercero y cuarto se hagan casi attaca), llegamos a lo mejor de la noche: el cuarto movimiento. Éste fue, sin duda, uno de las mejores interpretaciones de dicho movimiento que recuerdo. Inmejorables el timbalista y las trompas.  Magníficas las cuerdas graves (que bien lo hicieron al comienzo de las variaciones). Unas impresionante gradaciones dinámicas…  Magníficos todos. Y de postre, una coda de antología.

Como valoración final, un concierto muy bueno, aunque la Haroica no sea una de las obras que mejor se le de a Jansons y por ello haya parecido que el primer concierto de la temporada, dirigido por Nelsons, hubo estado mejor.

Un Saludo.

Hans.