Ayer fui invitado a asisti al ensayo general (el de verdad, no el concierto de Gijón)  de la OSPA. En realidad era de entrada libre hasta llenar aforo.

Como era de preparación para el concierto de los Premios Príncipe, se abrió con el himno nacional. Fue un poco llamativo que el tipo del metalófono metiese la pata tocando el himno, pero bueno.

La siguiente obra fue toda una sorpresa para mí. Resultó que, de pronto, escuché un comienzo muy muy característico:  violines haciendo la, fa, si, do; tan reconocible como el “Llamadme Ismael” de Moby Dick, “La cólera canta, oh diosa” del Pélida Aquiles, maldita,…” de La Ilíada, “Musa, dime del hábil varón que en su largo extravío…” de La Odisea, “Al mitad del camino de la vida yo me encontraba en una selva oscura…” de La Divina Comedia, “Armas canto y al héroe, que de Troya prófugo por el Hado vino a Italia, en  las kavinas cotas, el primero…” de La Eneida, “Guerras más que civiles cantamos, libradas enlas llanuras de Ematia, y el crimen investidode legalidad, y un pueblo poderoso que, con su diestra vencedora, se revolvió contra suspropias entrañas…” de la Farsalia o “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…” de Don Quijote, y otros muchos que todos conocemos. Y digo todo esto porque estoy reestudiando Till Eulenspiegel. Llevé conmigo la partiturapara poder leerla en el autobús y me encontré con que era la primera obra “de verdad” que tocaba la OSPA en este “concierto”. María ¡Te juro por todos los dioses de cuya existencia dudas que fue pura casualidad que llevase la partitura! Y expongo todo esto porque, entre que es una obra que estoy reestudiando y que el comienzo es tan característico, no tardé ni medio compás en saber qué era. Así pues, saqué la partirua y me propuse seguirla hasta el final. Y digo me propuse, porque me fue arrebatada al final de la segunda página. Por suerte ya la conozco lo suficientemente bien como para ver desfilar las hojas en mi mente al escuchar la obra.

Al final de la interpretación mi acompañante me preguntó “¿Qué tal escuchar la música en vez de leerla?” Aquí va el veredicto: La Ospa estoyvo muy muy bien. El tema inicial de la trompa, pese a algunos desajustes de habituales, fue muy superior a lo normal. Y no digo ya lo normal de la OSPA. Me gustó mucho más que interpretaciones como la de Maazel con la Sinfónica de Radio Baviera o la de Rudolf Kempe con la Staatskapelle de Dresde. Y esos son palabra mayores.

El tempo fue, para mi gusto, un pelín lento. Pero no hubo pifias muy sonoras (la más grave fue la del concertino que en 19 después de 13 tiene solo una escala descendente desde le mi bemos superagudo hasta el sol más grave que el compositor marca glisando y estacato y el buen hombre se paró en medio). Entre las cosas que cosas que menos me gustaron estuvo la intervención de las trompas y los trombones a partir de la marca nº 31, que fue muy poco heroica y contundente o el final que tampoco tuvo demasiada contundencia. También creo que en ciertos pasajes la cuerda tuvo una presencia excesiva, pero en líneas generales fue una interpretación que me gustó mucho. No llegó a inflamar, pero fue muy buena.

Después tocaron la única obra que sabía que iban a tocar: Els canto de los bosques, de Shostakovich. Me habían comentado que era una obra fea y difícil, cuando me pareció entre maravillosa y encantadora. Desde luego no es tan personal como Lady Macbeth o el concierto para piano y trompeta. Es un encargo del partido y por ello muy clásica.

A pesar de no conocer la obra (yo), se me hizo evidente que a Milanov le era más familiar que la anterior. Todos los tempi elegidos me parecieron correctos. La orquesta estuvo mu bien, con un sonido claro y contundente a la par, pese a que el director los paró un par de veces (cosa criticada por alguna estúpida del público) pero es lo que tienen los ensayos.

El bajo (Sergey Romanovsky) estuvo soberbio, recordándome por momentos a lso grandes bajos rusos. Quizá no llega a ningún sitio, pero no conviene perdderlo de vista. El tenor (Alexander Vinogradov) estuvo correcto sin más, con algún problema en la zona aguda (que no lo era tanto) y desapareció en su intervención junto a bajo. Espero que estuviese reservándose para el concierto.

El coro fue una lástima. Yo hubiese echado a la mitad de las mujeres. Y lo digo, no porque lo hicesen mal (estuvieron normalitos) sino porque hay tantas mujeres, tantos niños y tan pocos hombres que parece un coro de voces blancas. En un coro “de verdad” no debe haber más personas por cuerda que el número más bajo que tengas (Si sólo hay seis bajos, en cada cuerda no debe haber más de seis personas, por ejemplo), sino queda descompensadísimo.

De propina, y ya que es un acto institucional, se tocó el Himno del Principado. Momento en el cual decidimos marcharnos. A mí me pareció vergonzoso que el público se pusiese de pie para el himno autonómico pero no para el nacional. Es entre extraño, patético y vergonzoso.

Por su parte, el público estuvo nefasto. Quemarlos habría sido hacer un favor a la humanidad.

En resumen, diremos que este fue uno de los mejores “conciertos” que le he escuchado a la centuria asturiana. Si tuviesen este nivel siempre, podría ser una orquesta intersante interesante, dentro de las orquestas de provinicas. Al menos con Milanov las  obras no nacen muertas, como ocurría con Valdés. ¿Será que sólo tocan así cuando viene el príncipe? Espero que no.

Saludos.

Hans.