Aún me estoy restregando los ojos para ver que no estoy soñando. Me pellizco de vez en cuando para salir de los brazos de Morfeo, pero no lo logro. No lo logro porque era real, no estaba soñando. Esa era la OSPA. Unbelievable and Incredible.

Esta noche que ya termina, en concierto único (sólo se ofreció en Oviedo), Suyoen Kim y Gilbert Varga interpretaron juntos el concierto para violín de Beethoven. Y menuda interpretación. Sin duda, para mi gusto, a la altura de las mejores conocidas.

Suyoen estuvo soberbia, realmente magistral Creo que nunca he oído unas dobles cuerdas interpretadas con mayor maestría. Una auténtica recreación técnica y sonora, con un buen gusto envidiable para su juventud (25 años). Uno de mis acompañantes y yo la habíamos escuchado ya en este concierto y con este mismo director en el concurso Reina Isabel de Bélgica y, desde luego, la surcoreana nacida en Alemania ha mejorado exponencialmente.

En cuanto a la orquesta, parecía una de verdad. Un equilibrio realmente fantástico, una sonoridad clara y límpida. Creo que sólo he escuchado tal trasparencia en directo a Marek Janowski (aunque hay que decir, es cierto, que el polaco tiene más mérito porque nos había tocado Muerte y Transfiguración de R. Strauss y el primer acto de Die Walküre de Wagner).

Mención especial merece Vicente Mascarell, que hizo una obra de arte de cada una de sus intervenciones, convirtiendo casi este concierto para violín en un doble concierto para violín y fagot o en un concierto para violín con fagot obligado.

Hacía mucho que no escuchaba el auditorio tan en silencio (pese a que algún desaprensivo dio su acostumbrado recital para caramelo). Y yo no recuerdo haber aplaudido tanto nunca.

A renglón seguido tocaron la séptima sinfonía de Antonín Dvorák. Más de lo mismo, más de lo mejor. Quizá no estuvieron a la altura de un Kubelík con los Filarmónicos Berlineses o un Giulini con la Concertgebown pero, y ya siento caer las piedras sobre mí, supera a interpretaciones consagradas como la de Jansons con la Filarmónica de Oslo o la de Belohklavek con la Sinfónica de Praga

Maderas exquisitas, metales contundentes, grandiosa labor de la cuerda… No estoy muy acostumbrado a hablar bien de la orquesta, así que espero que me sepan disculpar si me faltan adjetivos. Baste decir que si este concierto saliese en CD, lo compraría sin dudar un instante.

Un saludo,

Hans.