Estamos en fechas muy tristes para la música: el pasado 28 falleció la soprano estadounidense Gloria Davy, a la que escuché en una magnífica Aída dirigida por Karl Böhm en Berlín, si mal no recuerdo, en 1966. Ayer día 11 falleció Galina Vishnevskaya, cuya presentación no es necesaria.

Pero, posblemente, los fallecimientos musicales que más me han tocado esta semana hayan sido el del nunca suficientemente ponderado analista, teórico y pianista Charles Rosen (el día 9) y, el día 10,  la mujer a la que vamos a recordar hoy: Lisa della Casa.

Como ya teníamos pensado escribir una entrada sobre ella, pues es una de nuestras voces predilectas, aprovechemos la triste ocasión.

Lisa della Casa nació en Burgdorf, Suiza, el 2 de febrero de 1919, cursó estudios de canto en Zúrich y debutó en 1940 en Biel como Madama Butterfly. Formó parte del elenco estable de esta compañía hasta que hizo su debut en 1947 en Salzburgo, por lo mucho que había impresionado a Maria Cebotari. En esa ocasión cantó el papel de Zdenka en Arabella ante el compositor, quien le auguró que sería una gran Arabella algún día. Desde luego, el anciano no se equivocaba.

Sucesivamente fue debutando en Viena (Gilda en Rigoletto), La Scala (Sophie en Rosenkavalier), Covent Garden (Condesa en Las Bodas de Fígaro), Múnich (Arabella), Bayreuth (Eva en Maestros, junto a Malaniuk, Edelmann y Hopf, todos dirigidos por Kna en 1952. Director con el que grabaría la posiblemente mejor recreación de esta ópera, en 1955 en Múnich con Töpper, Frantz, Hopf y Pflanzl.  Para mi gusto, ella es Eva. Seguida de Grümmer) y la Met en 1953 (Condesa en Las Bodas).

Fue, desde luego, no solo una de las voces más bellas de la historia (a la que acompañaba un físico no menos hermonos), sino también una de las abanderadas del renacimiento cultural alemán de postguerra, junto a nombres eternos como Schwarzkopf, Grümmer, Jurinac, Seefried, Streich, Güden, Ludwig, Giebel, Töpper, Dermota, Wunderlich, Prey o Fischer – Dieskau.

Los dos compositores a los que más unida estuvo fueron sin duda Strauss y Mozart. Desde luego, sería como Doña Elvira en la antológica grabación videográfica de Don Giovanni (con Siepi, Ernster, Grümmer, Dermota, Edelmann, Berger y Berry dirigidos por Furtwängler) por la que quedará en la presencia de todos los aficionados.

Y ahora, dejémosla cantar:

Arabella, junto a Fischer – Dieskau.

Doña Elvira, a las órdenes de Furt, con Siepi y Edelmann

Mimì en La Bohème:

Y, para terminar, La Última Canzión: Im Abendroth, de Richard Strauss:

 

Descansen en paz.