Tras una larga gira por tierras niponas (donde tocaron, y grabaron, todas las sinfonías beethovenianas), hoy ha vuelto la Sinfónica de la Radio de Baviera a su casa (en realidad su primer concierto fue ayer, pero el primero que escuchamos nosotros fue hoy). Y no podía hacerlo con un programa a priori más interesante: Don Quijote de Richard Stauss y la primera sinfonía de Brahms. Todo ello bajo la batuta de Bernard Haitink.

Si no podía ser más interesante el programa, tampoco podía tener un resultado más desigual. La primera parte fue realmente buena; y si bien no llegó al nivel de un Kempe (en Dresde con Torelier y Rostal) o de un Karajan (Importa poco si con Fournier, Rostropocih o Meneses), sin embargo, los solistas (primeros atriles de la orquesta) Hermann Menninghaus (Viola/Sancho Panza) y Maximilian Hornung (Cello/Don Quijote), no tenían nada que envidiar a nadie. Remarcaremos, eso sí, que hicieron uno de los finales más desoladores que recuerdo.

En la segunda parte hicieron la primera de Brahms.

La primera de Brahms es una obra compleja, que exige un capitán capaz de llevarla hasta el final con todas las consecuencias. Tomemos, por ejemplo, los primeros compases. Estos, que vienen a ser el prólogo, deben ser el reflejo y el escaparate de lo que va a venir a continuación. Existe, como director, dos maneras de afrontarlo. O bien nos centramos en las largas línas melódicas que se cruzan o bien en la parte del timbal, con lo que el sonido será más rotundo y hercúleo. Yo prefiero la segunda, y Haitink fue la que nos ofreció.

Sin embargo, el resto de la interpretación fue una decepción. A pesar de la prfección técnica de la orquesta (si este concierto hubiese sido de la OSPA, estaría aplaudiendo con las orejas), el capitan Haitink erró el rumbo, se perdió en los detalles y terminó haciendo naufragar la nave, por hacer algo que ningún director debe hacer: fijarse más en los detalles que en la construcción global de la obra.

El resultado fue, como decimos, una de las interpretaciones mejor matizadas que recuerdo, pero a la vez una de las más frías, asépticas y aburridas que han pasado por mis oídos.

Si la orquesta fuese una de decimotercera como la OSPA o la extinta OSiGi y el director alguien como Valdés, se le podría perdonar y hasta felicitar. A la BR y Haitink no sólo se les puede exigir más, se les debe exigir más.

Hans.