Concierto largmanente esperado el del presente día 21 de diciembre.  Riccardo Muti dirigía a las huestes Bávaras en la Italiana de Mendelssohn y la Misa nº 5 de Schubert.

Nuestros más fieles lectores recordarán que la pasada semana habíamos dicho que el concierto dirigido por Haitink había ido de más (un bastante decente Don Quijote) a menos (una correcta, sin más, primera de Brahms). Pues creo que confirmaré lo que podía vislumbrar en ese concierto: Los muniqueses han vuelto de Japón con más ganas de vacaciones que de otra cosa.

La primera parte, como diecíamos, la Italiana de Mendelssohn, decepcionó  a medias. El primer movimiento fue muy correcto, con una claridad de líneas muy interesante, pero que precisaba algo que a un napolitano se le da por supuesto (como el valor en el servicio militar): Fuego, incandescencia. Algo que sí aportaba alguien cuyas interpretaciones suelen pecar de frías y analíticas como era el húngaro George Szell. Tampoco consiguió, ya puestos, una trasparencias de líneas como sí consigue un Janowski con la Radio de Berlín.

En el segundo movimiento, también de tanteo, no consguió levantar el vuelo lírico y llenarnos de la belleza que atesora este movimiento, cosa sí lograda, curiosamente, por la OSPA hace unos meses.

Pero llegó el  tercer movimiento y con él lo mejor de esta interpretación. Digamos que la parte central fue de una solemnidad pocas veces imaginada, cuasi imperial.

El cuarto movimiento, Saltarello, que Muti debería clavar, fue otra lectura demasiado rutinaria. Sin fuego ni pasión. Decepcionante.

Lectura pues, tibia, “sin chica ni limoná” que a mí no me entusiasmó (es la segunda vez que escucho en dos meses esta obra, una de mis favoritas, en directo y no me ha gustado ninguna de las lecturas) y que, por los escasos bravos y los tibios aplausos, al público muniqués, tampoco.

Para le segunda parte me preparé a conciencia, aunque sin saberlo, esta tarde. La tarde de hoy la dediqué en gran medida a leer sobre San Gregorio Magno, tanto en la Historia del Cristianismo de Cornin como en la Historia de los Papas de Gaston Castella. ¿Qué mejor manera de prepararse para la escucha de una de las misas más luminosas de la Historia que leer sobre uno de los mejores Papas de la cristiandad?

Sea porque Muti tienen un gran aprecio al Schubert o sea porque estuvo asistido por el Paráclito, el caso es que la misa fue magnifícia. En todo momento Muti supo destacar lso colores claros y luminosos a los que hacíamos referencia antes. Llevó y mostró al público perfectametne las modulaciones y dio una lección magistral de cómo conducir una obra tan rica en contrapunto como esta. Soberbio.

El coro estuvo sublime, como suele ser habitual en él y los solistas (Ruth Ziesak, Soprano; Alisa Kolosova, Contralto; Saimir Pirgu, Tenor; Michele Pertusi, Bajo), solventaron sin dificulatad aparente su partes.

Lectura realmente estimulante.

¿Qué mejor manera de poner fin al mundo que con una misa de Schubert?

Pues, como no creo que nos muramos todos en la hora y media que resta de día, con la venia de ustedes, escucharé a Furt dirigir la obertura del Sueño de una noche de verano de Mendelssohn y el concierto apra violín de Beethoven con Menuhin y los Filarmónicos Berlineses en un concierto del 28 de septiembre de 1947.

Si no morimos antes de fin de año, Felices Fiestas.

Hans.