Por todos es bien conocida esta fotografía:

En esta fotografía, que sólo tiene parangón en dos en toda la historia, la de la quinta Conferencia de Solvay, en 1927:

Conferencia de Solvay

En la que aparecen 17 premios Nobel ( Debey, Langmuir, Planck, Bragg, Marie Curie, Lorentz, Dirac, Schrödinger, Einstein, Compton (que lo ganó ese año),  de Borglie, Pauli, Heisenberg, Born, Wilson, Bohr y Richardson)

Y en la del Torneo de Nottingham de 1936

Nottingham 1936

Con la participación de 5 campeones del mundo (Botvinnik, Lasker, Capablanca, Euwe y Alekhine).

Y Paragonamos la primera fotografía a estas porque en ella aparecen los, posiblemente en aquel momento, mejores directores de orquesta del mundo. Los dos de la izquierda son Bruno Walter y Arturo Toscanini. Los dos de la dercha, Otto Klemperer y Wilhelm Furtwängler. Y en el centro el mas bajito, rechoncho y joven de todos ellos: Erich Kleiber.

Kleiber nació el 5 de Agosto de 1890. Fue un director difícil de clasificar en cuanto a nacionalidad. Nacido en Viena de padres bohemios, estudió en Praga, realizó la mayor parte de su carrera en Alemania y Argentina y murió en Suiza.

Como decíamos, estudió en Praga, donde obtuvo su primer puesto como repetidor, en el Landesteather de dicha ciudad. Más tarde dirigió los teatros Darmstadt, Barmen – Elberfeld, Mannheim y Düsseldorf, hasta que en 1923 fue nombrado director de la Staatsoper Unter den Linder. Así como Walter en la Deutsche Oper se encargaba del repertorio más conservador y Otto Klemperer en la Krolloper hacía exactamente lo contrario, Kleiber intentó tener en la Staatsoper el repertorio más amplio posible, desde Mozart a Berg.

De esta época es realmente conocido por el estreno mundial de Wozzeck, obra para la que necesitó más de treinta y cuarto ensayos de orquesta completa. Pero también dio el estreno mundia de Jenufa de Janácek y reresentaciones igualmente brillantes de las obras de Milhaud, Bartók, Weill o Weinberger. A parte de los que serían sus dos grandes caballos de batalla operísticos: Mozart y Richad Strauss-

En 1934, el régimen nacionalsocialista prohibe a Wilhelm Furtwängler, principal director de la Filarmónica de Berlín, el estreno de Mathis der Mahler en la Staatsoper yveta la representación de dicha obra en toda Alemania. Furtwängler dimitió por ello de su puesto en la Filarmónica y se retiró a Múnich. Erich Kleiber, por solidaridad, dimitió de su puesto en la Staatsoper y canceló los conciertos que tenía con los Filarmónicos.  Sin trabajo y con familia (sus hijos Karl y Veronika ya habían nacido) decidió emigrar. Pero a diferencia de la mayoría de grandes directores centroeuropeos que emigraron en ese momento, Kleiber emigró a Argentina. No deja de ser curioso que un director que tuvo abandonó sus puestos en Alemania y se fue con lo puesto (es fácil dimitir como Toscanini o Walter con puestos esperándote, o como Klemperer, en peligro de muerte; más difícil fue como lo hizo Kleiber, sin casi nada y abandonando una vida que materialmente habría sido cómoda) recalase en el país que unos años más tarde se convertiría en el mayor refugio de Nazis.

Tras una ausencia más que prolongada, volvió en 1954 a la Staatsoper, de donde salió literalmente huyendo tras comprobar la estrechez de miras políticas y artísticas de la RDA; aunque esto le costó su carrera en Alemania occidental.

Entretanto, y pese a su oposición, su hijo Carlos había debutado, tras abandonar los estudios de Química, como director bajo el psudónimo de Karl Keller. La frase ,,Ein Kleiber ist genug” (un Kleiber en suficiente) se hizo célebre.

Erich Kleiber moriría en Zúrich, Suiza, en el Hotel Dolder el 27 de enero de 1956. Sus hijos, como se pude comprobar en el documental “Carlos Kleiber, Traces to Nowhere”, sospechaban que se había suicidado. Nosotros, por la fecha (exactamente doscientos años después del nacimiento de Mozart), también.

Su estilo de dirección era tajante, autoritario y poderoso, muy poderoso. Perot ampoco estaba exento de elegancia, como podemos comprobar en las escasísimas grabaciones, y aún menos vídeos, que nos ha dejado.

Entre estas destacaremos la caja que dedicó Decca a su figura, en las que aparecen las sinfonías 3, 5, 6 y 7 de Beethoven con la Concertgebown, las sinfonías nº 3 y 9 del mismo compositos con los Filarmónicos Vieneses (con Güden, Wagner, Dermota y Weber), la sexta de nuevo con la Filarmónica de Londres, en Londres también la sinfonía nº 40  de Mozart y en Colonia, cuatro contradanzas, la sinfonía nº 39 de Mozart,  la Grande de Schubert y la posiblemente mejor grabaciónb de la primera Sinfonía de von Weber.

También debemos destacar su grabación con la NBC de la segunda de Borodin (editada en formato Cd junto con la de su hijo).

Y, por supuesto, su grabciones operísticas, donde señalaremos el Sigfrido de Wagner con Lorenz, Witte y Jansen en Buenos Aires el 4 de octubre de 1938; Tristán, diez años más tarde, con Svanholm, Flagstad, Ursuleac, Weber, Hotter, un 20 de Agosto también en Buenos Aires y Las Vísperas Sicilianas de Verdi con Callas, Christoff y de Paoli con el coro y la orquesta del Mayo Musical Florentino en 1951 o El Cazador Furtivo de Weber con Hopf, poell, Grümmer y Böhme con el coro y la orquesta de la Radio de Colonia en 1955.

Además, debemos señalar que para la crítica musical en general hay cuatro cimas inigualables de la historia de la música grabada: El Tristán de Furtwängler, con Flagstad, Suthaus y Fischer – Dieskau en Londres en 1952;  Tosca, con Callas, Di Stefano y Gobbi en La Scala, dirigidos por De Sabata en 1953 y… Der Rosenkavalier de Strauss con Maria Reining, Ludwig Weber, Sena Jurinac, Hilde Güden, Alfred Poell y Hilde Rössel – Majdan y Las Bodas de Fígaro de Mozart con Poell, Siepi, la recientemente fallecida della Casa, Güden, Danco, Rossel – Majdan y Dickie. Ambas con el Wiener Staatsopernchor, los Wiener Philharmoniker y Erich Kleiber al frente.

Citando a Jungheinrich en su Die Grossen Dirigenten (Hermes Handlexikon), “Bajo conciciones más favorables, Kleiber hubiese podido trabajar durante mucho tiempo en Berlín, manteniendo para el teatro que dirigía la posición puntera que ostentaba. […] La integridad humana y política de Kleiber es, entre los artistas, más una excepción de la regla. […] Desde luego, fue en perjuicio, al menos de la actividad musical alemana, el que no le fuese otorgada a una participación tranquila y continuada en la vida musical centroeuropea a una personalidad como Erich Kleiber. De este modo, también de cara al público se abren lagunas entre 1935 y 1954, que hacen imposible ofrecer una imagen acabada de este director. Asimismo sólo pueden captarse de modo fragmentario las características de su estilo interpretativo, su lenguaje de dirección sugestivo y cargado de temperamento: objetividad y sentido de la forma, undo a insistencia, completud, viveza de los caracteres musicales, despertados por una técnica de batuta lúcida, convincente y siempre clara a pesar de su expresividad. Con sus tardías grabaciones discográficas del “Caballero de la Rosa” y del “Fígaro mozartiano, Kleiber dejó testimonios apasionantes e inmejorables de su musicalidad operística”.

Si más palabras: Erich Kleiber.

Johann Strauss II: An der Schöne Blauen Donau. Orquesta de la Ópera de Berlín. 1932.

Johann Strauss II: Vida de Artista. Final. Concertgebow, 1949

Beethoven: Sinfonía nº 9. Ensayo.

Beethoven: Sinfonía nº 5. Final. Concertgebow. 1950

Richard Strauss: Der Rosenkavalier. “Mir ist die Ehre”. Sena Jurinac, Hilde Güden y los Wiener Philhamoniker.

Y especialmente dedicado a Warizo: Mozart, Las bodas de fïgaro. Non Più andrai. Cesare Siepi. Wiener Philhamroniker.