Hans – Klaus Jungheinrich escribió sobre Horst Stein: “No siempre son los directores de orquesta que gozan de más prestigio ante el público y la prensa los preferidos por las orquestas con las que tienen que tratar. Los músicos ejecutantes ven al director desde otra perspectiva”.

Esta misma afirmación es perfectamente aplicable a nuestro director.

En la reseña del primer concierto de la temporada de la BR en el que participó Jansons, escribí que mis cuatro directores predilectos vivos y en activo, por encima de gente como Barenboim, Prêtre, Muti, Abbado, Boulez, Davis, Gielen, etc. son Marins Jansons, Marek Janowski, Manfred Honeck y el único que no pertenece a la cofradía de la M: Franz Welser – Möst.

Sin embargo, a diferencia de las orquestas, que se lo rifan, el público y la crítica no lo tienen tan claro.

Franz Leopold Maria Möst nació en Linz, Austria, el 16 de Agosto de 1960. Estudió violín, pero siempre se sintió atraído por la dirección orquestal. Lo que finalmente lo impulsaría a dejar su instrumento y tomar la batuta fue un accidente de coche que dejó seriamente dañados los nervios de sus manos.

El joven Franz Möst

Apoyado siempre por su mentor, el barón Andreas von Beningen de Lichtenstein, Franz cambio su apellido, en 1985, por el de Welser – Möst, como homenaje al barón, que había nacido en la ciudad de Wels. En 1986 sería adoptado por él y diez años más tarde se casaría con la exesposa de éste: Angelika.

Decir que su carrera ha sido extraña es quedarse corto. Normalmente un director, tras cursar sus estudios, pasa unos años como ayudante en una orquesta o en un teatro (esto último era la norma en Alemana, lástima que se pierdan las buenas costumbres) antes de empuñar la batuta en una orquesta o teatro de provincias. Después se accedía a la dirección estable de una de esas formaciones y más tarde, tras duro trabajo, pasaba a dirigir, en las cimas de su profesión, en sitios como Berlín, Viena, Milán, Salzburgo o Londres, pudiendo llegar, casi como en un sueño, a dirigir como titular una de estas últimas formaciones; para, al final de sus vidas, hacer carrera como directores invitados.

La carrera de Welser – Möst fue la cotraria. Su debut como director lo hizo en 1985 en el Festival de Salzburgo. Al año siguiente se ponía por vez primera al frente de la Filarmónica de Londres. Entre 1985 y 1990 hizo carrera como director invitado en Saint Louis, Chicago, Boston o Londres.

En 1990, con 29 años, fue elegido director titular de una orquesta por primera vez y no fue una orquesta cualquiera, no: La Filarmónica de Londres. Además, como sustituto de uno de los titanes de la dirección orquestal del siglo XX: Klaus Tennstedt.

Su mandato al frente de la formación británica no fue ni largo ni tranquilo. Ocupó el puesto hasta 1996 y la crítica lo apodó “Frankly Worse than Most”. Sin embargo, lejos de moletarle dichos epítetos, afirmó, en una entrevista con Ivan Hewitt en 2005 para el Telegraph que esos insultos “lo hacían más fuerte”.

Entre 1995 y 2000 fue director musical de la Ópera de Zúrich, llegando en 2005 a ser nombrado Director general de la misma, puesto en el que debería haber estado hasta 2011, pero al que renunció en 2008.

De sus años en Zúrich debemos destacar sus magníficas interpretaciones wagnerianas (Anillo, Maestros o Tannhäuser) y la que posiblemente sea la mejor Flauta Mágica de los últimos treinta o cuarenta años.

En 2002 fue elegido director titular de la orquesta de Cleveland, firmando un contrato por cinco años que fue renovado por otros cinco al final de su primera temporada. Hace poco le fue ampliado el contrato hasta la temporada 2017/18.

A ello no ha contribuido sólo su magnífica labor como músico (recordemos las grabaciones en DVD de las sinfonías nº 5, 7, 8 (en Cleveland) y 9 (en la Musikverein de Viena) de Bruckner o una magnífica y arrolladora Sinfonía nº 9 de Dvorak, que circula en grabaciones no comercializadas y en la que podemos escuchar los gruñidos de Welser – Möst por toda la sala (a Welser – Möst, que tiene  fama de ser el más contenido de los directores)), sino también el hecho de pasar 18 semanas al año en Cleveland, que es mucho más de lo que estilan los directores de las orquestas americanas.

Welser – Möst em Cleveland

En convinación con su puesto en Cleveland, y desde el seis de junio de 2007, es director musical de la Wiener Staatsoper, institución en la que había debutado en 1987 sustituyendo a Claudio Abbado en La Italiana en Argel. Sin embargo no volvería a dirigir allí hasta 1997, cuando hizo un sensacional Tristán.

Desde 2010 es, junto a Dominique Meyer, el Staatsoperdiektor.

El Oro del Rin: Relato de Loge. Grabación privada. Ensayo de vestuario en 2000. Junto a Francisco Araiza.

Wagner: Preludio del Acto III de Lohengrin. Viena. 2013.

Bruckner, breves fragmentos de las sinfonías 8 y 9 con Cleveland:

Ensayando Don Carlo en Viena:

Tannhäuser en Zúrich en 2003.

Como homenaje a nosotros mismos… La Marcha Española de Johann Strauss II

Y finalmente, nos despediremos con una obrita completa:

La Sinfonía nº1 de Mahler con los Filarmónicos Vieneses en Salzburgo, el 27 de julio de 2007 (como dato curioso, la misma orquesta había tocado la misma obra en el mismo festival esa misma semana bajo la dirección de Prêtre, completamente distinta).