trovador

Mientras Watson y Crick se divertían con el futuro de la humanidad haciendo su modelo de doble hélice del ADN, un ya reconocido, Wilhelm Furtwängler experimentaba con las óperas de corte italiano y un joven Herbert von Karajan hacía de las suyas en el teatro alla Scala di Milano. El festival de Salzburgo de la postguerra era un templo obligado de nacionalismo y fue la muralla más complicada de vencer para los directores que osasen proponer óperas del gran Genio de Busetto (1813 – 1901). Sin embargo, ya con los anrtecedentes de toscanini, el “Otello” de Furtwängler y toda la carrera de Karajan en Milano, fue que se le concedió a este último la organización de temporadas completas de ópera italiana y de organizar los festivales Salzburgueses. En este contexto favorable (y no me refiero a la muerte de Furtwängler en el ’56) el verano de 1957 se hizo un no muy esperado “Ciclo verdiano” en Salzburgo, y ya sonaban nombres como Gobbi, Panerai, Simionato, Siepi, Gavazzeni, etc…

De esta manera, se denota cierta atracción del austríaco hacia las óperas verdianas que estructuralmente son simples, pero dramáticamente, ¡Quién sabe! En julio del 89 Karajan murió precisamente durante un ensayo de “Un ballo in Maschera”, que lo úncio de malo (a parte de la muerte del gran Herbert, era que un tal Plácido Domingo no podía con los agudos que para Corelli, Bonisolli y varios italianos era un juego de niños).

Del disco referido se pueden decir muchas cosas, que la orquesta era demasiado brillante para los fines, que las cabalettas eran muy aceleradas, que la importancia dada a los bronces era exagerada, que Simionato estaba en una noche infausta, que Leontyne Price hizo extrañar a Tebaldi. Lo cierto es que nunca antes la WPO acompañó tan bien la linea vocal de cada una de esas megaestrellas de la ópera, empresa que de solo mencionarla le resultaría imposible a un director de hoy en día.