En el Palacio Valdés ayer pudimos presenciar la obra Una de Guerra, a cargo de las huestes de La Magdalena. Actores amateur y público también amateur. Y se notaba. Por parte del público, en el mucho ruido. Muchísimo. El tipo de público que no solemos ver en un teatro o auditorio normal, pues si en una de esas instituciones montas la algarabía que se formaba cada vez que la escena quedaba a oscuras, ya habrían sido desalojados. Eso sí, completamente entregado. Teatro casi lleno (pese a que la práctica totalidad de las localidades se vendieron a ultimísima hora). También resultó molesta la cantidad de fotografías y grabaciones videográficas que se realizaron. Pero bueno, quizá la culpa es de uno mal acostumbrado.

Por parte de los actores, los errores se notaron en la poca capacidad de proyección y en algún caso la poca inteligibilidad del texto. Esto se veía acrecentado en las escenas en las que los actores estaban de lado. Llamaremos la atención a la directora, con el debido respeto, por supuesto (pues ella es mujer de teatro y yo no), de que en ocasiones los actores estaban situados demasiado adelante, con lo que pierden el apoyo de la caja de resonancia del escenario.

También se notaba la bisoñez de los actores en cosas como seguir declamando pese a los aplausos. En una ópera, por ejemplo, si el director sigue, tú debes seguir con él. Pero en el teatro puedes, y debes, hacer una pausa y luego seguir. Por el bien de la propia trama.

Sin embargo, y es más de lo que se puede decir muchas veces sobre estas compañías escolares, la actuación, en líneas generales, resultó más que solvente. Mis felicitaciones.

Eso sí, debo ¿abroncar? a los músicos que intervinieron. Lo lamento, pero el crítico musical que llevo dentro me obliga; los hermanos Cuñarro al trombón y trompeta respectivamente estuvieron más que desacertados en su escasas intervenciones. Sin embargo, como ya les he dicho esto mismo en directo, creo que no debo hacer sangre sobre el tema (o al menos, más sangre), lo dejaré ahí.

Por otro lado, tengo que señalar que este grupo siempre tiene cosas interesantes que decir, y siempre desde el humor y la francachela. Pero, si se sabe leer entre líneas, siempre hay un mensaje

Esta obra, basada en un musical de Kurt Weill (mucho me gusta ese compositor, curiosamente no hubo ni una sola de sus canciones), es una especie de grito contra la Guerra.

Señalaré dos escenas que me gustaron sobre manera. La primera, en la que se realiza el reclutamiento, es magistral (especialmente el cura cuando dice que quiere alistarse para coger un lanzallamas y mostrarles a los enemigos un anticipo del infierno) y la escena de la batalla, retransmitida en directo por dos televisiones rivales. Señalaremos la magnífica muerte de Ionela Popescu, fantasía de muchos hecha realidad, las magistrales intervenciones desde “control” del programa de Carlos Cuñarro y la breve pero desternillante intervención de Adela Popescu, una de las combatientes, quejándose de que no tenía wi-fi y no se podía conectar a twitter.

En el lado negatico, me resultó decepcionante, casi insultante, y sin demasiado sentido la escena final del purgatorio. Escena que nos intenta vender una visión anticleriacal, con referencias a la Guerra Civil Española, pero no desde un punto objetivo, sino desde uno de los bandos (las referencias a Lorca hablaban claro). Teniendo en cuenta las ampollas que sigue levantando ese conflicto y la poca objetividad con la que es tratada por los historiadores nacionales, creo que es preferible dejar a los muertos en paz. ¿Por qué no hacer esa escena sobre la Primera Guerra Mundial, que es la que tenía en mente Weill? Además, pese a los escasos años transcurridos entre una y otra, se suele observar desde un punto mucho menos sesgado.

Eso sí, lo que menos  me gustó de dicha escena es el ataque frontal y sin sentido, al menos para mí, hacia la religión. Y lo digo pese a ser agnóstico.

Dicho esto, tampoco entendí el prólogo.

Para concluir, una obra muy buena, aunque algo inferior a la ofrecida por este mismo grupo el pasado año (el Café Triana, obra realmente genial y desternillante que pagaría por volver a ver), que estamos deseando que sea puesta en escena en Oviedo en fechas próximas para poder disfrutarla de nuevo.

Hans.